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sábado, 9 de julio de 2016


Así era «Pincelito», el sicario comunista que causó decenas de muertes en la guerra civil


José Martínez Grau relata en un libro los horrores del comunista oriolano tras descubrir la pista de su hijo, un conocido violador que murió a manos de la madre de su víctima



Un apodo aparentemente tan inocente como «Pincelito» esconde un pasado de décadas de terror en la memoria de miles de alicantinos en la Vega Baja alicantina. Y también ha servido de pista al escritor José Antonio Muñoz Grau, paisano del oriolano Miguel Hernández, para establecer una conexión en el horror generado por un padre y luego por su hijo: Ramón Velasco Cosme, el sicario comunista con decenas de muertes a sus espaldas por los «paseos» en la Guerra Civil, y Antonio Cosme Velasco, violador de una adolescente de 13 años que hizo famoso la madre de su víctima al rociarle con gasolina y quemarle mortalmente.
El cambio de apellido quedó delatado por el alias. «Encontré documentación en México, en Madrid, en los archivos estatales, pero sobre todo, los testimonios de personas que aún vivían y viven; algunas, como es el caso de Manuela Poveda Ros, que entrevisté en Francia con el llanto y la voz quebrada como una costante... Incluso, encontré personas que se negaron a hablar por miedo todavía», explica el autor de este libro, centrado en «Pincelito» padre.
Su primer crimen, el asesinato de Paco Díez, antiguo alcalde durante la dictadura de Primo de Rivera, suscitó tal rechazo que el Ayuntamiento de Orihuela en pleno -de izquierdas- dimitió en bloque. El último que cometió, deltorero Joaquín Pedrera -con carné del Partido Comunista igual que su verdugo- el día de su corrida en este mismo municipio, movió al entonces Gobernador civil a llevar a «Pincelito» ante la Justicia.
Entre uno y otro, en el Consejo de Guerra se le achacaron 60 muertes en total, aunque en el colmo del disparate, el acusado incluso se permitió alardear ante el juez de que eran muchas más las ejecuciones en su historial

Se fugó de la cárcel

Otro detalle grotesco dentro de la crueldad, es que Velasco no se implicó en ningún asesinato en su pueblo natal, Benejúzar, donde sí temían a su banda. «En la novela se desvela qué relación tuvo el Teatro Circo, la cantante Celia Gámez y su revista «Las Leandras», qué ocurre una noche para que un 'aperador', que arreglaba aperos de labranza, se convirtiese en uno de los criminales más temidos de la Guerra Civil», subraya Muñoz Grau.
También desvela el proceso hasta que las familias de sus víctimas las encontraban, la conexión de su historia con el intento de la toma de Alicante para liberar a José Antonio Primo de Rivera, cómo eran «sus paseos y sus sacas», porque en ocasiones se llevaban a su víctima aprovechando un descuido en el centro de prisión preventiva, el colegio Jesús María, donde algunos republicanos encerraban a personas de derechas no como represión, sino para evitar que los asesinarán «Pincelito» y sus secuaces.

Cubierta de la novela
Cubierta de la novela- ABC

«Llegó a convertirse en un sicario que cobraba por «solucionar» cualquier problema, incluso de faldas», y precisamente ese fue su talón de Aquiles, «le pudo la bragueta», concluye este biógrafo no autorizado.
«Fue espectacular su «Camino de Damasco», su Camino de Chinchilla a Gerona, su proceso de conversión a la Iglesia Católica, involucrando a todas las instituciones franquistas de esa ciudad, incluso al Obispo Josep Cartañá», después de fugarse de la cárcel, condenado a 15 años de reclusión, añade Muñoz Grau.
Y algo de esa personalidad enfermiza y cruel debió heredar en sus genes ese hijo igualmente célebre por su fechoría: violar en 1998 a una chica de 13 años, por lo que cumplía condena de 10 años de prisión. En un permiso se la encontró en un bar y ella avisó a su madre, que lo roció con gasolina y le prendió fuego. Falleció posteriormente en el hospital por las quemaduras.

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