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jueves, 18 de septiembre de 2014

Las milicianas de Almoradí durante la Guerra Civil y su posterior represión

Las milicianas de Almoradí durante la Guerra Civil y su posterior represión



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TEXTO DANIEL FERRÁNDEZ PÉREZ

El período que comprende la II República se caracteriza por una creciente participación de las masas en la vida pública cuestionando los esquemas de dominación tradicionales y los roles preestablecidos, tanto políticos como referentes a otros aspectos de la vida cotidiana, incluido el género. Este proceso, también denominado democracia llevó a que la mujer replanteara su función tradicional de madre encerrada entre las paredes del hogar y rompiera con una vida pública y privada completamente sumida al marido. Así, buena parte de las mujeres superaron la barrera de la España negra y profunda y dejaron el luto en casa (tan bien retratado por Lorca en La casa de Bernarda Alba), hablaron, opinaron y comenzaron el camino hacia la igualdad. No con ello, queremos decir que en el momento del estallido de la guerra, cuando la puesta en práctica de los avances sociales obtenidos por la República se intensificó, se produjera una “igualdad total” ya que la cocina y los niños continuaron siendo asuntos de mujeres hasta en las líneas más revolucionarias del frente, pero, a pasos de gigante, las mujeres luchaban contra el fascismo, por la democracia y a la vez luchaban por sus derechos.
En Almoradí, un grupo de mujeres quiso romper con la tradición patriarcal que les negaba su propia esencia humana y salir a ejercer esa triple lucha afiliándose al PCE y a las milicias revolucionarias. Algunos nombres de mujeres milicianas de Almoradí son: Soledad Amorós Girona, (a quien llamaban “La Pasionaria de Almoradí”) Concepción Montesinos Peiró, Luisa Rebollo Andrés, Remedios Zaragoza, Teresa Rodríguez Calvo (y muchas más que aún tenemos que investigar). Su labor en los primeros momentos fue la de dar mítines en Almoradí y los pueblos cercanos, organizar el Socorro Rojo enviando comida y ropa al frente y realizar tareas de organización dentro del partido… Como hemos dicho, no todo es blanco o negro: en el cuartel de las milicias eran las cocineras. Solían ir juntas vestidas con su mono azul de miliciana y su pistola, dejando bien claro que eran luchadoras por la libertad. A algunas de ellas no les bastó con desempeñar una labor activa en el pueblo de Almoradí, por lo que se alistaron como voluntarias al frente. No sabemos si en las líneas del frente llegaron a entrar en combate, pero lo estimamos difícil ya que muchas de ellas afirmarán en sus declaraciones de los Consejos de Guerra haber trabajado en la cocina.

Con el fin de la guerra comenzó la represión en Almoradí con el único fin de eliminar todo vestigio de pensamiento democrático en la sociedad y que así no se cuestionase la nueva dictadura. Tal que así, el bando franquista identificaba revolución con democracia, y hacía extensible dicho término a toda actitud que emanara de ella rompiendo los esquemas de comportamiento de la iglesia católica, como la liberación de la mujer. El franquismo represalió a las mujeres en tres niveles: Un nivel general que afectó a toda fémina, pues la regresión en derechos se extendió al conjunto de mujeres. En un segundo nivel se encontraban las madres, esposas, hermanas o hijas de represaliados a las que se les aplicó por diversos mecanismos –como el rapado o la purga- una humillación que pretendía castigar de forma indirecta a sus maridos. En un tercer nivel estarían las encarceladas y fusiladas, algo que se haría extensible a toda sospechosa de haber sido miliciana.

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Soledad Amorós Girona: A Soledad se le realizó un juicio sumarísimo de urgencia donde la acusación la culpaba de ser una “destacada revolucionaria, elemento peligrosísimo para la Nueva España que ayudó a las milicias desde el primer momento”. Según su expediente, “posiblemente había infundido todos los desmanes que sus hermanos cometieron en la Villa de Almoradí”. Un testimonio oral nos ha relatado que un conocidísimo falangista de Almoradí intentó mantener relaciones con Soledad (era una práctica demasiado común que explicaremos en otro momento) y que la negativa constante de la misma promovió que la denunciara, acusada de “maltratar cadáveres”. El mismo testimonio oral asegura que Soledad dejó constancia de este chantaje sexual en una carta. Como hemos dicho la acusación principal –emanada, según testimonios, de este chantaje- inducía sobre ella sospechas de haber maltratado los cadáveres de los tres almoradidenses fusilados en agosto, los cuales estaban relacionados con el asesinato años antes de su hermano, José Amorós. La acusación solo obtiene denuncias de esto que afirman “conocerlo por rumores locales”, sin llegar a prestar Soledad su versión de los hechos. No podríamos conocer la opinión sobre estas acusaciones del entorno de Soledad si no fuera por la entrevista realizada a un sobrino suyo, quien contó la versión de los hechos que permanecía en la memoria familiar:
Con Soledad lo que yo siempre he oído es que venían de trabajar –donde trabajaran, en el campo… o lo que fuera- y al pasar por el camino en la acequia había cuatro o cinco muertos… y uno de ellos fue quien le pegó la paliza a su hermano y dijo –¡anda no recogerlos que bastante malos han sido ya! Entonces, ahí iba la mujer de mi tío León y cuando los acusaron la mujer de mi tío León dijo: -no, eso lo ha dicho Soledad… -ella y mi tío León se separaron y ya no…-Yo esto lo he oído en mi familia, desde pequeño y lo he oído siempre igual.

Lo único que sabemos a ciencia cierta de todo esto es que Soledad fue condenada a muerte y fusilada. Cuenta un testimonio recogido que cuando se la llevaron de la cárcel de Almoradí, toda ella entró en un furor constante cantándole: “Adios muchachos, compañeros de mi vida”. Sabemos por el libro “Els afusellaments al País Valencià, 1938-1956″ de Vicent Gabarda que Soledad eligió sus mejores ropas para ser fusilada. Tenía una hija pequeña. Toda su familia menos un hermano que escapó, León, sufrió la represión, llegando su madre a morir de tuberculosis en el Reformatorio de Adultos de Alicante.
A Luisa Rebollo Andrés se le acusaba de “ser miliciana armada, comunista, y de acompañar a Soledad el día de la profanación de los cadáveres”. Por suerte, Luisa si declarará diciendo que ese día fueron a Alicante a hacer unas compras y al pasar por donde se cometieron los crímenes, dijeron: “Mira. Ahí han matado a esos chicos del pueblo” sin llegar a bajar del coche. A Luisa la condenarán también a pena de muerte, pero le fue conmutada porque había quedado tetrapléjica.
Trinidad Montesinos Peiró se le acusaba de “miliciana, comunista y de acompañar a Luisa y Soledad el día que supuestamente se burlaron de los asesinados”. Ella lo negó rotundamente y por no poder demostrarlo la acusación realizará una auténtica investigación con muchas declaraciones, para demostrar que el día de los asesinatos preparó “carne con tomate para los milicianos”. Fue condenada a 30 años de reclusión mayor, aunque solo estuvo encerrada siete por los efectos que la Segunda Guerra Mundial tuvo en la represión.
Concepción Montesinos Peiró fue acusada de ser “miliciana, comunista y de ayudar a preparar la carne con tomate” a Trinidad la noche citada. Fue condenada a seis años cumpliendo tres.
Teresa Rodríguez Calvo era una destacada líder dentro del PCE, que llegó a participar en múltiples reuniones en Alicante. Consiguió escapar en el Stambrook hacia Orán, y desde allí fue a la URSS donde vivió. Su hermano José Rodríguez fue fusilado y ella no pudo volver hasta muchos años después.
Sobre Remedios Zaragoza una informante nos aseguró que fue fusilada, cosa que desmentimos con nuestras pesquisas en el Archivo General e Histórico de Defensa. Allí, su expediente nos dice que tenía 19 años y trabajaba de oficinista en Almoradí. Fue juzgada por ridiculizar al general Queipo de Llano –tildándolo de alcohólico- en una función teatral realizada durante la guerra y por descubrírsele una carta enviada a su padre desde la prisión donde le decía: “no te fíes de ningún fascista, me he enterado del estallido de la Guerra Mundial, eso nos puede salvar”. Fue apresada en el puerto de Alicante cuando se disponía a huir al extranjero y condenada a veinte años de reclusión, pena que no sabemos si llegó a cumplir ya que no encontramos certificado de liberación en su expediente. Las noticias de informantes orales sobre su fusilamiento junto con la ausencia de certificado de liberación inducen a pensar que murió en la cárcel.

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