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lunes, 10 de febrero de 2020

Los testimonios de la Guerra Civil en la provincia de Alicante En Orihuela, San Isidro, Petrer o Alicante se pueden visitar algunos lugares que fueron trascendentales para la historia de España

 

Los testimonios de la Guerra Civil en la provincia de Alicante

En Orihuela, San Isidro, Petrer o Alicante se pueden visitar algunos lugares que fueron trascendentales para la historia de España

La Guerra Civil española ha sido uno de los periodos históricos del siglo XX que más interés ha suscitado en el mundo. Prueba de ello es que existen innumerables novelas y películas ambientadas en esta época, tanto españolas como extranjeras. Valgan los ejemplos de ‘Por quién doblan las campanas’, ‘Homenaje a Cataluña’, ‘Los girasoles ciegos’, ‘Soldados de Salamina’ y un largo etcétera.

Para todos los amantes del turismo histórico y cultural, en la provincia de Alicante albergamos varios lugares que fueron muy significativos durante esta contienda bélica. Cabe señalar que precisamente la guerra acabó en las tierras alicantinas, pues fue la última provincia conquistada por el bando sublevado, en marzo de 1939.

La casa natal del poeta Miguel Hernández está ubicada en Orihuela y se conserva como en la época

Casa de Miguel Hernández

Damos comienzo a esta ruta guerracivilista por las raíces de uno de los más grandes poetas que ha dado jamás España. Estamos hablando evidentemente del oriolano Miguel Hernández, quien combatiera como soldado en la guerra, para acabar siendo detenido por las autoridades franquistas hasta su fallecimiento por enfermedad en prisión.

Orihuela fue la cuna del ‘poeta universal’, y su casa es hoy un museo que recibe numerosos visitantes. De hecho se trata de una visita de doble interés histórico, pues por un lado conocemos el lugar donde Miguel diera sus primeros pasos y escribiera sus primeras poesías, al tiempo que también descubrimos cómo era una vivienda típica de una familia agrícola de la época.

Porque los Hernández no eran sino una familia campesina de la comarca de la Vega Baja. Al visitar esta casa realmente nos cuesta creer que un chico de orígenes tan humildes llegara a ser años más tarde uno de los grandes poetas referentes de su generación.

También es posible conocer la cárcel donde falleció Miguel Hernández, que está ubicada en Alicante. El poeta fue condenado a pena de muerte por su condición de soldado republicano y su pertenencia al Partido Comunista, aunque su pena finalmente fuera reducida a cadena perpetua. Sin embargo, el oriolano acabó falleciendo fruto de una tuberculosis en 1942. Hoy en día este mismo edificio constituye la sede de los Juzgados.

 

En Albatera y San Isidro se ubicó uno de los mayores campos de concentración de España, que albergó presos de ambos bandos

Campo de Albatera

Si bien el hogar de Miguel Hernández es uno de los lugares más agradables de nuestro recorrido, la siguiente parada resulta mucho más dolorosa. Hablamos de Albatera, donde se ubicó uno de los mayores campos de concentración establecidos en toda España, y por el que pasaron presos de ambos bandos. Según las investigaciones más de 20.000 personas llegaron a estar recluidas en este lugar.

El campo se abrió en 1937, sirviendo como prisión y campo de trabajos forzados para derechistas, sacerdotes o personas consideradas subversivas por las autoridades republicanas. Con el fin de la guerra las tornas cambiaron, aquellos prisioneros que aún quedaban aquí fueron liberados y el campo de Albatera se llenó de republicanos e izquierdistas. Fue clausurado en noviembre de 1939, cuando todos los recluidos supervivientes ya habían sido asignados a otras prisiones.

Actualmente la finca, ubicada en la zona de Saladares, pertenece al término municipal de San Isidro y es propiedad privada. Poco queda del antiguo campo de concentración, más allá de una pequeña caseta de la época. También hay instalados un monolito y una placa en recuerdo de todos los fallecidos en este lugar. Para completar esta conmovedora visita, recomendamos también leer el bellísimo y emotivo poema escrito por el sacerdote prisionero Saturnino Ortuño durante la Navidad de 1938.

 

Los dos últimos consejos de ministros de la Segunda República sobre suelo español se celebraron en Petrer

Últimos consejos de ministros

Dado que Alicante fue la última provincia conquistada por el bando nacional, aquí dieron lugar los dos últimos consejos de ministros oficiales de la Segunda República celebrados sobre suelo español. Concretamente se llevaron a cabo en la localidad de Petrer, nuestra siguiente parada.

El 25 de febrero y el 6 de marzo de 1939 el presidente Juan Negrín reunió a sus ministros en la finca de El Poblet, donde estuvieron residiendo durante varios días. Antes de albergar al gobierno republicano, este lugar había servido de hospital para los heridos en el frente de guerra.

Básicamente las deliberaciones que se discutieron en estos consejos de ministros, celebrados en Petrer, versaron sobre si tenía sentido proseguir con una guerra que tenían ya perdida luego de la dimisión de Manuel Azaña como jefe de estado, el reconocimiento internacional al régimen de Franco y el golpe interno del coronel Casado. El presidente Negrín era partidario de una resistencia hasta el último metro, falsamente esperanzado en que las democracias europeas socorrieran a la República tras el inminente estallido de la Segunda Guerra Mundial.

 

En Monóvar estaba el aeródromo desde el que despegó el avión con el que Negrín y el gobierno republicano marcharon al exilio

Lo cierto es que el propio Negrín junto a sus ministros acabaron abandonando también España, antes de acabar la guerra, para partir al exilio en Francia y Argelia. Lo hicieron utilizando varios aviones que despegaron desde Monóvar, en concreto desde el aeródromo ubicado en la pedanía de El Fondo.

Una buena opción para conocer todos estos emblemáticos lugares es apuntarse a la ‘Ruta del Vinalopó al exilio’, que incluye una visita guiada a El Poblet de Petrer, el aeródromo de Monóvar, los refugios antiaéreos y varios edificios de Elda donde se establecieron otros miembros del gobierno.

 

La prisión donde José Antonio Primo de Rivera vivió sus últimos meses y fue fusilado está en Alicante

La prisión de José Antonio

Nuestro recorrido termina en la capital de la provincia, una localidad repleta de lugares históricos relacionados con la Guerra Civil pues fue la última ciudad conquistada por las tropas franquistas.

En Alicante fue donde estuvo preso, y más tarde fuera ejecutado, José Antonio Primo de Rivera, hijo del dictador Miguel Primo de Rivera y fundador de la Falange. Quizás fuera la personalidad política (no militar) más destacada dentro de los cabecillas del golpe de julio de 1936 contra el gobierno republicano.

Aunque José Antonio participase en la organización de dicho golpe de estado, desde unos meses antes ya había sido arrestado por tenencia ilícita de armas y trasladado a la cárcel de Alicante. Su plan era que el alzamiento también triunfara en la ciudad alicantina para salir liberado de la prisión con honores, pero no ocurrió así.

Durante los siguientes meses el fundador de la Falange moderó bastante su discurso, llegando incluso a pedir vía carta el fin de la guerra y la reconciliación de ambos bandos. Nada de ello le evitó ser juzgado y condenado a pena de muerte. Su fusilamiento tuvo lugar el 20 de noviembre de 1936. Algunos historiadores determinan que José Antonio Primo de Rivera habría tenido muchas posibilidades de haber gobernado España tras el fin de la guerra en lugar del general Francisco Franco, por lo que lo sucedido en este lugar pudo ser crucial para la historia del país.

Hoy en día este edificio sigue siendo conocido en Alicante como ‘la prisión de José Antonio’, y está ubicado en el barrio de la Florida. Los curiosos pueden visitarlo libremente pues ha sido reconvertido en un albergue juvenil.

 

En toda la provincia se construyeron numerosos refugios antiaéreos. El más impactante es el de la Plaza Séneca de Alicante

Refugios antiaéreos

Una de las experiencias más impactantes, que pueden vivir todos aquellos interesados en esta trascendental parte de la historia española, es entrar en los antiguos refugios antiaéreos de Alicante. Sin duda el más grande e impresionante es el ubicado en la plaza de Séneca.

La ciudad alicantina llegó a sufrir hasta 71 bombardeos aéreos durante los tres años que duró la Guerra Civil. Es difícil que la piel no se nos ponga de gallina cuando escuchamos a los guías locales explicarnos cómo cientos de vecinos pasaban horas allí resguardándose de las bombas.

Las visitas guiadas también incluyen el refugio antiaéreo ubicado en la Plaza Balmis (más pequeño que el anterior), así como al Centro de Interpretación de la Guerra Civil ubicado en la propia Plaza Séneca. Actualmente el Ayuntamiento está restaurando algunos refugios más (se llegaron a construir hasta 94 por toda la ciudad) y se espera que estén abiertos al público en breve.

 

El bombardeo aéreo más dramático de toda la Guerra Civil se produjo sobre el Mercado de Alicante

Bombardeo del Mercado

Precisamente esta ciudad mediterránea sufrió el bombardeo aéreo más dramático de toda la Guerra Civil española. Ocurrió un 25 de mayo de 1938, cuando las bombas arrojadas por la aviación fascista italiana dejaron más de 300 víctimas mortales.

El epicentro de este trágico bombardeo fue el Mercado de Alicante, edificio que hoy en día está totalmente reconstruido aunque conserva la misma apariencia que en los años 30. En la plaza colindante (denominada ‘Plaza 25 de mayo’ en homenaje a los fallecidos) se ubica un monumento artístico en recuerdo a este horripilante suceso.

Hoy en día es una de las plazas más animadas de la ciudad, un lugar muy indicado para tomarse un aperitivo. Además sentado sobre un banco encontramos otro monumento dedicado a Gastón Castelló, destacado artista alicantino que vivió también la Guerra Civil e incluso estuvo encerrado en prisión durante 18 meses en la Posguerra por su afinidad con la República.

Recomendamos a todos los interesados que completen esta visita visualizando el cortometraje de animación ‘El olvido’, un excelente trabajo de recopilación de los últimos minutos antes del susodicho bombardeo. Dicho corto fue nominado a los Premios Goya el pasado año.

 

Desde el Puerto de Alicante partió el último barco con refugiados republicanos hacia el exilio

Barco Stanbrook

Durante los últimos días de la Guerra Civil, muchas personas significadas con la República huyeron en dirección a Alicante por medio a las represalias que el nuevo régimen franquista pudiera tomar contra ellas. Así la ciudad se llenó de familias y refugiados sin hogar, ansiando subirse a un barco para escapar de España.

Algunos afortunados lo consiguieron, pero el 28 de marzo de 1939 (apenas dos días antes de la llegada de las tropas nacionales) todavía quedaban alrededor de 15.000 personas que abarrotaban los muelles del Puerto de Alicante.

Aquel día apareció casi milagrosamente un barco comercial británico llamado Stanbrook, cuyo capitán Archibald Dickson accedió a renunciar al transporte de su carga de mercancías y bajó la pasarela para que pudieran subir cuantas personas cupieran.

Sobre 2.800 refugiados acabaron embarcando en el Stanbrook, un barco en principio preparado para una tripulación de unos 50 marineros. El capitán Dickson puso destino hacia Orán (por aquel entonces colonia francesa) y milagrosamente logró burlar la vigilancia de los buques de guerra franquistas que navegaban por el Mediterráneo. Pasadas 22 interminables horas de travesía, acabaron llegando a su destino.

Hoy en día un monumento recuerda la proeza del marinero galés Archibald Dickson, situado en el punto exacto del muelle donde estuviera anclado el barco Stanbrook. Entre todos los pasajeros que salvó había familias con niños, políticos, jornaleros, artistas, periodistas, masones, etc. Éste fue por tanto el último barco de refugiados que partiera desde suelo republicano.

 

Campo de los Almendros

La mayor parte de los miles de refugiados republicanos que no tuvieron la suerte de embarcar en el Stanbrook fueron hechos presos el 31 de marzo de 1939, cuando las tropas fascistas conquistaron la ciudad comandadas por el general italiano Gastone Gambara, poniendo fin definitivamente a la Guerra Civil que había durado casi tres años.

Para todos ellos se improvisó un campo de concentración en una finca de almendros ubicada dentro de la propia ciudad, al pie de la montaña conocida como la Serra Grossa. Por el Campo de los Almendros llegaron a pasar unas 19.000 personas según determinan algunos historiadores, si bien apenas estuvo en funcionamiento durante una semana.

Las condiciones de vida aquí fueron durísimas, las autoridades vigilaban a los presos con gran represión y apenas disponían de comida y agua. Se calcula que más de 1.000 recluidos perdieron la vida en estos pocos días.

En la actualidad no queda rastro alguno de lo que fuera este improvisado Campo de los Almendros, si bien el lugar puede visitarse pues está completamente abierto al público. Un pequeño monumento recuerda a todos los presos que pasaron o fallecieron en este lugar. Desde aquí, además, se puede continuar hacia la subida de la Serra Grosa, que ofrece una de las mejores vistas de la ciudad de Alicante.

martes, 3 de diciembre de 2019

SANTA POLA DURANTE LA GUERRA CIVIL 1936-1939

 El próximo 4 de diciembre a las 20 h. en el salón de actos de la casa de Cultura será la presentación del libro SANTA POLA DURANTE LA GUERRA CIVIL 1936-1939, de Ángel Peña Ligero y editado por el Ayuntamiento de Santa Pola. Acceso es libre, limitado al aforo del local.



lunes, 11 de noviembre de 2019

 A todos los caídos en nuestra INcivil guerra 1936-1939

La costumbre de relacionar las amapolas con la guerra viene de la época napoleónica, cuando un escritor se percató de que el territorio anegado tras un conflicto se cubría de estas flores en primavera. Durante la Gran Guerra, el teniente coronel John McRae, médico canadiense, escribió el poema En los campos de Flandes, en el que establecía esa misma relación. La composición se hizo célebre y la amapola se convirtió en elemblema de los fallecidos en combate:

Los campos de Flandes
En los campos de Flandes las amapolas se mueven,
entre las filas de cruces,
marcando nuestro lecho.
Y en el cielo vuelan las alondras cantando con valentía,
apenas oídas en el fragor de los cañones.
Somos los muertos;
pocos días antes, vivíamos,
sentíamos el amanecer, veíamos el crepúsculo.
Amamos y fuimos amados, y ahora yacemos.
Haz tuyo nuestro combate con el enemigo.
Desde nuestras débiles manos te lanzamos la antorcha,
tuya es, mantenla en alto.
Si faltas a la palabra dada a los muertos
ya nunca descansaremos,
aunque crezcan las amapolas en los campos de Flandes.
Alexis Helmer


Así, el día del aniversario del armisticio, el 11 de noviembre, los británicos se colocan una amapola -poppy- de papel, en recuerdo de los fallecidos en la Primera Guerra Mundial. Con ella también conmemoran a otros soldados que perdieron la vida en conflictos posteriores, como la Segunda Guerra Mundial, la Guerra de las Malvinas o la Guerra del Golfo. Las poppys son confeccionadas por los veteranos de la guerra y vendidas por representantes de la Real Legión Británica, una organización formada por supervivientes de todas las guerras.
También este "Día del recuerdo" o "Día del veterano" vuelve a llenar mi corazón de envidia hacía aquellos países que, sin complejos, saben rendir homenaje a sus muertos. A aquellos soldados que lejos de casa se dejaron la piel, el alma o la vida por su país. Esos uniformes, garantes de libertad, que se interponen entre la tiranía y la libertad.
Pero aquí en España eso no se estila, no es "progre" ni moderno dar el homenaje sincero y emotivo a aquellos que dieron su vida por España. Ya fuera en Annual, en Pavia, en Rocroi, en Rusia, en Buenos Aires o en Afganistán.
Porque para nuestros amigos los gobernantes la Defensa solo ha supuesto un negocio con el que lucrarse. Desde utilizar los fondos reservados para temas "curiosos" hasta a ahorrar alquilando aviones en los que jamás se subirían y que, tristemente, terminaron convertidos en una humeante tumba.
Pero hoy no es el día de la crítica, me lo guardo para otra ocasión. Hoy es día de recuerdo y homenaje a todos los que murieron luchando por la paz, por nuestra libertad.

jueves, 24 de octubre de 2019

EXHUMACIÓN VALLE DE LOS CAÍDOS

Así exhumó Franco los restos de José Antonio Primo de Rivera del Monasterio de El Escorial

Entre el 29 y el 30 de abril de 1959, una comitiva falangista portó el féretro del «El Ausente» hasta Cuelgamuros. La noticia fue recogida en los medios internacionales

Los restos de José Antonio Primo de Rivera llegan a la Basílica del Valle de los Caídos desde el Monasterio de El Escorial. Foto: Sanz Bermejo ABC
Manuel P. Villatoro

El 31 de marzo de 1959 , una instantánea copó las primeras páginas del diario ABC. Era la misma que pueden ver hoy ustedes sobre estas líneas; la que muestra como cientos de personas transportaban por las calles los restos del fundador de Falange dos jornadas antes . Bajo la fotografía, unas escuetas líneas explicaban de forma condensada la misma noticia que ya se había hecho un hueco en medios de comunicación internacionales de la talla de la agencia Reuters : «El féretro que contiene los restos de José Antonio Primo de Rivera avanza, a hombros, rodeado del silencioso fervor de los que lo acompañaron en su traslado, desde el monasterio de El Escorial hasta la basílica del Valle de los Caídos». Tras su exhumación , Cuelgamuros era su lugar de descanso final.

La orden de la extracción (y posterior inhumación en el Valle de los Caídos ) de los restos de José Antonio Primo de Rivera había venido del mismísimo Francisco Franco . Aunque, como explica el experto en la época franquista y en la Guerra Civil José Luis Hernández Garvi en su obra «Ocultismo y misterios esotéricos del franquismo» (Luciérnaga, 2018), «el dictador ni se dignó a acudir» a la ceremonia. De forma más que probable, porque sabía que las diferencias que había mantenido en vida con este personaje y la promulgación del Decreto de Unificación de abril de 1937 (mediante el que copó la Falange de líderes afines a su persona tras la muerte de su fundador) había hecho que se ganara el odio de sus seguidores más fervorosos.

Hacia El Escorial

José Antonio Primo de Rivera , el mismo hombre que tildó a Franco de extremadamente evasivo y cauteloso después de mantener una reunión con él en 1934, fue fusilado por la República el 20 de noviembre de 1936 en el patio de la cárcel de Alicante . La misma hasta la que le habían llevado desde Madrid tras el comienzo de las hostilidades. Una hora después de que abandonara este mundo (según los presentes, tras «gritar dos o tres veces “arriba España”») la furgoneta de la funeraria llevó sus restos hasta la fosa común de un cementerio cercano. A partir de entonces, el jefe de la sublevación militar se refirió a él como «El Ausente» y no dudó en elevarle hasta la categoría de héroe en su favor.

Dos años después, lo que quedaba de su cadáver pasó a un nicho del cementerio de Nuestra Señora de los Remedios , donde permaneció hasta que la Segunda República se rindió tras la toma de Barcelona.

Traslado de los restos de José Antonio en 1939 ABC

Una vez finalizada la Guerra Civil , Franco decidió exhumar sus restos y llevarlos hasta el monasterio de San Lorenzo de El Escorial . La fecha seleccionada, como no podía ser de otra forma, fue el 20 de noviembre , aunque de 1939 . El ataúd fue cubierto de terciopelo y llevado a brazo desde Alicante hasta su nueva residencia durante diez jornadas. Los porteadores, falangistas, se turnaron cada diez kilómetros y dispararon un sin fin de salvas de artillería para honrar al fallecido durante el trayecto. Algo más de una semana después la comitiva arribó hasta la capital y atravesó la Gran Vía y la Plaza de España en su camino hasta su lugar de descanso. Ya en su destino, Primo de Rivera fue inhumado a los pies del altar mayor de la Basílica después de que el propio Franco le dedicara unas palabras: « Dios te de el eterno descanso ».

La de El Escorial, aunque extensa, fue una estancia momentánea. Antes incluso que de que se inaugurara el Valle de los Caídos , allá por el 1 de abril de 1959 , Francisco Franco decidió desplazar de nuevo los restos del fundado de Falange hasta Cuelgamuros . «El 1 de agosto de 1958 , cuando el Valle fue abierto al público, Franco inició las gestiones para el traslado de los restos mortales de José Antonio Primo de Rivera . Hasta entonces habían reposado a los pies del altar mayor de la Capilla de los Reyes , pero esa medida había ofendido a los monárquicos, que consideraban el enterramiento provisional del cuerpo de un líder falangista en la obra cumbre de Felipe II como poco más que una profanación», explica el investigador, divulgador histórico y escritor en «Ocultismo y misterios esotéricos del franquismo».

Exhumación por Franco

La exhumación se llevó a cabo el 29 de marzo de 1959 bajo la expectación de los medios de comunicación, aunque en una ceremonia íntima y no oficial por expresa petición de la familia. El diario ABC dejó constancia de todo el proceso dos jornadas después en un reportaje titulado «Los restos de José Antonio Primo de Rivera fueron trasladados desde El Escorial al Valle de los Caídos, donde recibieron sepultura definitiva».

En palabras del cronista, todo el proceso discurrió en un « silencio impresionante » a eso de las siete de la tarde. No faltaron a la ceremonia el «subsecretario de la Presidencia, don Luis Carrero Blanco », el ministro de justicia o el jefe provincial de Falange, Jesús Aramburu Olarán , entre otros tantos. Pilar y Miguel , hermanos del fundador del movimiento, arribaron poco después para despedirse, una vez más, de José Antonio.

José Antonio Primo de Rivera ABC

El levantamiento de la lápida comenzó poco después de que la comitiva estuviese completa. «A las ocho y cinco en punto se logró levantar la mitad de la gigantesca piedra, de 3.500 kilos de peso , por medio de tres barras de hierro», escribía ABC.

Una vez que quedó descubierta la mitad de la sepultura «hasta permitir la entrada de una persona a la tumba», uno de los responsables de pompas fúnebres encargados de la tarea bajó hasta el hoyo para cerciorarse de que el féretro podía ser transportado sin problemas. «Este se encontraba totalmente carcomido en su base inferior, pudiendo verse por los lados la caja de cinc con los restos de José Antonio . El resto del féretro, así como la bandera de Falange que lo cubría, se hallaban intactos y en perfecto estado de conservación. Las flechas de plata de los lados de la caja y sus cuatro asas también», dejó patente el cronista.

A las ocho y veinte comenzó el proceso como tal. Los operarios pasaron una cuerda por debajo del féretro, tiraron de ella y, con cuidado, extrajeron la caja, que fue ubicada en el suelo de la basílica. La emoción fue máxima entre los presentes antes de que el padre prior de la Comunidad agustiniana del Monasterio rezara en memoria del fallecido. Después, el féretro fue situado en las mismas andas que se habían usado veinte años atrás para hacer el viaje desde Alicante hasta la capital. «Al ser izado el féretro, los familiares y autoridades asistentes se acercaron hasta el lugar», describía el cronista. A Pilar, hermana de José Antonio, le fue entregada entonces la enseña que cubría el ataúd, pues « anteriormente había expresado este deseo ».

Todavía quedaba velar el féretro. Acto seguido, fueron colocadas seis grandes velas alrededor de la caja y se inició el primer turno, «formado por altas jerarquías del Movimiento». No se permitió la entrada al lugar a nadie que no contara con un pase especial por expreso deseo de la familia. De hecho, apenas se repartieron 24 pases especiales para presenciar la ceremonia. Ni siquiera los medios pudieron acceder. Tan solo asistieron un redactor del diario Arriba y cuatro del No-Do. Así lo recogieron estos últimos: «Se efectúa la exhumación de los restos mortales del fundador de la Falange, que durante 19 años reposaron a los pies del altar mayor». Las imágenes mostraron los rostros de una familia taciturna y un sin fin de altas personalidades en el evento .

Camino al Valle de los Caídos

A las once de la noche comenzaron los preparativos para el último viaje de Primo de Rivera. «El féretro fue izado después a hombros de los ministros […] Solís , […] Arrese , […] Iturmendi […] y Carrero Blanco ». También colaboraron sus hermanos, varios miembros veteranos de Falange y «numerosas representantes de la Sección Femenina ». Como quedó inmortalizado en la imagen publicada tres días después, a la cabeza de la comitiva se ubicó una guardia de afiliados y una « monumental corona de laurel » en honor del fallecido.

A la mañana siguiente, y según ABC, las carreteras que conducían al lugar «se vieron repletas de vehículos de todas las clases que transportaban afiliados de FET y de las Jons ». En palabras de los diarios, una gran muchedumbre acompañó al féretro desde El Escorial hasta la basílica de Cuelgamuros en un trayecto de unos trece kilómetros. En este caso los turnos de relevo se establecieron cada cien metros.

Inauguración oficial de la basílica de Santa María de la Cruz del Valle de los Caídos. En la imagen Francisco Franco pronunciando un discurso. ABC

Al llegar a su destino, y tal y como señala Garvi en su obra, Carrero Blanco, entonces la mano derecha de Franco, recibió «los insultos y los pitidos de los miles de falangistas que se habían concentrado en la gran explanada para recibir los restos mortales». Era lo esperado y la causa por la que, con casi toda seguridad, el antiguo jefe del Estado no quiso acudir. «Con sus protestas manifestaban su frontal oposición a Franco , a quien consideraban un usurpador de los principios de la ideología falangista que había defendido José Antonio, y a quien acusaban de apropiarse de un mito que no le pertenecía», desvela el autor de «Ocultismo y misterios esotéricos del franquismo». No se tomaron represalias contra ellos.

A continuación, el féretro entró en la basílica, donde fue depositado frente al lugar que, a día de hoy, ocupa. «El emplazamiento de la sepultura de José Antonio en la basílica de Cuelgamuros es idéntico al que ocupaba en el monasterio de El Escorial , es decir, a muy poca distancia del altar mayor y en frente de él», explicaba ABC. Si a la vela habían acudido los grandes gerifaltes del régimen, otro tanto pasó con aquella ceremonia. Entre los presentes se pudo vislumbrar a Agustín Muñoz Grandes o Ramón Serrano Suñer .

Una misa y un responso después, los restos fueron inhumados en una tumba sobre la que se ubicó una lápida con una sencilla inscripción: « José Antonio ». «Franco había obtenido lo que quería, un mártir que simbolizase el sacrificio de su lucha contra el mal», finaliza Garvi.

FUENTE: https://www.abc.es/historia/abci-exhumo-franco-restos-jose-antonio-primo-rivera-monasterio-escorial-201910240109_noticia.html