Vistas de página en total

lunes, 25 de agosto de 2014

Cuando las armas sustituyeron a los zapatos (II).

http://petreraldia.com/reportajes/cuando-las-armas-sustituyeron-a-los-zapatos.html/2

Esta obligación —la de sacar los escom­bros— duraba aproximadamente una hora o algo menos, y luego cada cual se trasladaba a su lugar del trabajo propio. Personalmente me dirigía a la sección de «Montaje». El «tornillo de banco» segundo, de la «bancada» metalúrgica concreta, era mi sitio. Cada operario poseía el suyo con diversidad de herramientas para el trabajo manual, según su responsabi­lidad, disponibles en un amplio cajón. En el mío como un ejemplo habían: limas de medi­das diversas y sierra para hierro; martillo, com­pases, escuadra, punzón de marcar, calibre o «pie de rey» (ambas denominaciones son fac­tibles), llaves y alicates de diferentes medidas, etc. Inherentes todas a la función que íbamos a desarrollar como «aprendices de ajustador» pues, ésta sería la denominación por la que íbamos a ser identificados.
Nuestra obligación inicialmente fue muy simple. Había que practicar con las limas. Nos en­tregaban unos tarugos cilindricos de acero blan­do (3 cms. diámetro y 8 cms. de alto, más o menos) que sujetos en el tomillo, íbamos desbastando con una lima ancha de grano grueso adecuado, de tal forma que el movimiento fue­ra cada vez más correcto, hasta quedar el re­sultado perfecto, con una superficie horizontal sin clareos ni sombras. Nada fácil al principio, progresábamos con la práctica, estimulados por las comprobaciones —que de vez en cuando, nos hacía el capataz, también el jefe de Sección- verificando nuestros avances en el dominio de la lima. Hacer bien este ejercicio, nos capacita­ba para afrontar con soltura después, cualquier otro trabajo de responsabilidad simple —por nuestra condición auxiliar de aprendices— pro­pios del ajustador mécanico cualificado.
Dos meses seguidos con esta práctica y otras complementarias, nos dispensaron la titularidad simbólica de «aprendiz de ajustador adelantado» a los alumnos destinados a esta sección. Y lue­go nos pasaron a trabajos más comprometidos. Como ejemplos la limpieza del cajón de meca­nismo del fusil, con limas y esmeril especializa­do, trabajo delicado y algunos otros menos re­levantes.
En el caso concreto mío, me asignaron la obligación de tener disponible un buen stok de tornillos pequeños, los hacía manualmente, des­tinados a la sujeción del anillo que iba a soste­ner el «punto de mira». El anillo se acoplaba al principio del cañón del fusil, con el tornillo que yo hacía y el «punto de mira» se integraba a éste, a través de un ajuste —muy metalúrgico por cierto, por la importancia de sus aplicaciones precisas denominado «cola de milano»— que proporciona una espiga en forma de trapecio, más ancha por la cabeza que por el arranque, fa­cilitando un ensamblaje perfecto. Trabajo de apariencia insignificante, pero muy preciso. (He­rramientas que utilizaba para hacer el tornillo: Va­rillas de acero calibradas, terraja con agujero ce­rrado con la que labrar la rosca y sierra para cor­tar los tornillos, las principales). Era yo un mu­chacho de 15 años. ¡Que más se le podía pedir!.
La producción
En la mañana de cualquier día laboral, en la Sec­ción del Montaje, quedaban terminadas 40 uni­dades de mosquetones Mauser—fusil algo más corto— cuya preparación se había iniciado en la tarde de la jornada anterior, llevándose —por nosotros los aprendices— al probadero, para verificar su precisión y eficacia.
El probadero era como un pasillo alargado al aire libre, donde al inicio había un trípode en el que se sujetaban los «mosquetones» uno a uno, en la medida que se iban probando.
Al final del pasillo se situaba una diana con el dibujo circular clásico, para cada una de las pruebas y a la derecha del pasillo había un saliente de protección desde el que el aprendiz José León «Clemente» —en este ca­so— informaba «cantando» en voz alta las excelencias o fallos de la prueba del mosque-tón correspondiente.
«Uno, dos o más puntos a la derecha, iz­quierda, alto, bajo», eran las voces que se em­pleaban según si el tiro se escoraba respecto del centro del blanco, que el oficial especialista as­turiano —el «Cuervo»—, iba corrigiendo con leves retoques del punto de mira, hasta dar con el lugar preciso, que el aprendiz «Clemente», con el grito de «¡diana! daba por bueno.
Era un trabajo muy responsable el de «Cle­mente» al que a veces acompañábamos en su «refugio» del probadero alguno de los otros tres aprendices, practicando nosotros. Claudio, el valenciano Ramírez o yo mismo. Y en ocasiones nos dejaban disparar a nosotros, sin peligro al­guno, pues, el mosquetón estaba muy «aga­rrado» al trípode de pruebas y sólo habíamos de apuntar y apretar el gatillo simplemente.
En los tiempos sobrantes, respecto de hacer la producción diaria, la sección en su conjunto se dedicaba al arreglo de fusiles «Checos», que nos mandaban inservibles por averiados. Nos traían algunas expediciones, que se encontraban depositadas en el almacén al que ya me he re­ferido, cercano a la casa del «tío Mulato».
Eran similares al Mauser español y utilizaban la misma munición. Se desmontaban todas las piezas seleccionando las que podían servir, que se limpiaban y se ponían en situación de buen uso. Con ellas disponibles se montaban los fu­siles que se podían. Los aprendices hacíamos un buen trabajo, desarmando piezas.
En la nave principal de la fábrica, que era la planta baja, se había instalado una sección muy completa de tornos, para hacer los cañones del fusil. Se hacían muchos, más de los necesarios para nuestra producción. Los restantes se man­daban a fábricas de otros lugares. Era la única pie­za que se hacía para el fusil en esta factoría. El resto de las demás a utilizar por nosotros, nos las mandaban de fuera.
En un momento determinado, se inició la instalación de una Sección que se iba a dedicar al montaje de Ametralladoras —pocas se llega­ron a terminar—, antes que la guerra llegara a su fin. Respecto de esta sección, que se montó en una nave exprofeso para este destino, se da la circunstancia, que en en la instalación de las líneas eléctricas, me destinaron a mi —unos dos meses—, como ayudante de los dos técnicos electricistas especializados, pertenecientes a la Subsecretaría de Armamento y con ellos amplié mis conocimientos de electridad, a la que ya era aficionado.
Aquí se encontraba la entrada general al conjunto fabril principal, con un adicional al final, que ya se hizo por la brigada de albañiles estables -los más de Petrer-, destinados a obras nuevas o reparaciones.

Pertenecer a la fábrica de Armamento era un buen «enchufe». Además de cobrar por nuestro trabajo (unas 15 ptas. diarias como aprendices) y saber que en el supuesto de mo­vilizarnos, no íbamos a ir a los destinos de los frentes de combate —pues ya estábamos cum­pliendo un servicio militar cualificado—, dispo­níamos de suministros especiales de comesti­bles desde el Economato instalado para la fábrica, que no se podían comprar en las tiendas del pueblo, totalmente desabastecidas de produc­tos esenciales.
El «chusco» grande de pan diario era segu­ro. Y en ocasiones podíamos adquirir lentejas, arroz y alimentos semejantes, en la medida que el camión con dos operarios a este fin, que exis­tía para ir por los sitios manchegos o valencia­nos —donde fuere— para adquirirlos, los con­seguían y traían. También nos facilitaban sumi­nistros especiales de carne o leche, gratuitos, pues, que estos procedían como ayudas de otros países simpatizantes o solidarios. De la Argen­tina recibíamos unos envíos de carne congela­da enlatada buenísima, que nos chupábamos los dedos al comerla.
En la carne de uso corriente disfrutábamos de ciertas ventajas, pues, mientras que en el pueblo ya se comían burros viejos y desvencija­dos, sacrificados en el matadero local, en el eco­nomato nos dispensaban carne de caballo y el racionamiento era más habitual. Sin manjares, los trabajadores de la fábrica de Armas no pasá­bamos el hambre, que en el resto de la mayo­ría de los ciudadanos del pueblo, sin medios, ya se empezaba a vislumbrar.
Para ir terminando
Además de los aprendices de Petrer que he men­cionado, entre los que me encuentro, hubo tres más que entraron mediante examen también: Jo­sé Valdés Poveda, de la misma edad que la mía; José Amat Azorín «Buch» y Juanito Maestre «Peche», que se exilió con su familia a Elche y allí ha terminado con su vida, al haber fallecido no hace mucho.
Estos aprendices fueron acoplados a la Sec­ción de «Utillaje», muy completa en maquina­ria mécanica, pues, el conjunto de las misma, estaba dedicada al mantenimiento y reparación de las disponibles en general, principalmente las máquinas del resto de la fábrica, destinadas a la función productiva. Era una buena sección en la que se aprendía bastante de mecánica. Sólo quedamos vivos dos de los seis: «Nuch» y «Costalet». Nuestros apodos son caraterísticos y por ellos también somos reconocidos.
El conjunto de la fábrica estuvo dirigida por un asturiano muy joven, procedente de Oviedo, con titulación de Ingeniero de Minas. Horacio Cuartas era su nombre y 24 años tenía cuando vino ha dirigir la instalación y el inicio de los tra­bajos.
A la Sección de Ametralladoras, se trajo a un amigo de Oviedo, muy cualificado llamado Ra­úl, para dirigir y organizar esta división tan im­portante, en un periodo —que estando muy avanzada la Guerra Civil y casi presintiendo el fi­nal adverso que se avecinaba—, sólo pudo dar lugar a la producción de pocas unidades.
A alguno de estos personajes los pude ver terminada la guerra, en la década de 1943, cuando me iniciaron en la actividad de viajante en la Empresa en la que trabajaba, teniendo los 20 años cumplidos, siguiendo en este oficio has­ta 1954.
Al director me lo encontré —ocasión ca­sual—, en el Hotel Paris de León. Me reconoció y facilitó vernos algunas veces en Oviedo — donde residía— durante mi estancia de varios dí­as en aquella capital, cuatro veces al año. Le gustaba recordar Petrer, donde tantas huellas había dejado de índole diversa. Algunas veces lo acompañaba su amigo Raúl.

Cuando las armas sustituyeron a los zapatos (I).

http://petreraldia.com/reportajes/cuando-las-armas-sustituyeron-a-los-zapatos.html




Nota: Artículo publicado originalmente en la revista Petrer Mensual nº 33, septiembre de 2003.
Lo que hoy conocemos popularmente como «Ciudad Sin Ley», lugar situado entre la manzana comprendida entre las calles Joaquín Poveda, País Valencia, Leopoldo Pardines y Ventura Navarro, fue durante poco menos de dos años una fábrica de armamento. Se elaboraban fusiles «Mauser» y ametralladoras. También se reparaban mosquetones checos. En algunas ocasiones se ha escrito sobre estas instalaciones pero nunca con la minuciosidad y el detalle con que lo ha hecho José María Navarro Montesinos. No en vano trabajó como aprendiz en la factoría y vivió de cerca su montaje y su desmantelamiento. Este es su relato.

Se aprecian las ampliaciones que hubieron de hacerse por necesidades complementarias. "Empavonado", "Almacén", "Economato", etc. y en medio de las primeras, estuvo la entrada al "Refugio". Las fotos son de julio de 2003.
En Petrer (1938-1939), se fabricaron fu­siles y ametralladoras durante la Guerra Civil Española (1936-1939), destinadas a los servicios bélicos militares leales a la Repúbli­ca. Con el inicio de este trabajo, que escribo pa­ra la constancia histórica local de aquellos mo­mentos lejanos, intento explicar como se dio es­ta ocasión singular en nuestro pueblo, desde la concurrencia y visión personal mía. Necesario un ejercicio de observación preliminar del ser o el estar respecto del estado, el lugar, el tiempo y las formas, de los hechos vividos por mí, en cuanto a la actualidad y las coyunturas crucia­les que fueron. (En Petrer albergaban entre cin­co o seis mil habitantes).
Los avatares de la contienda bélica civil se en­contraban en su apogeo, en distintos lugares de la extensa «piel de toro» que conforman las tierras españolas. Pocos los sucesos positivos. Desfavorables a los movimientos populares los más, adversos a la zona «roja» que era la nues­tra. Se reconocía como los avances victoriosos im­placables de los ejércitos de Franco, consolida­ban posiciones paulatinamente en lo que fueron feudos republicanos. Así era la cruda realidad no deseada por quienes —proclives y fieles al ré­gimen establecido legalmente— nos encontrá­bamos en la retaguardia «roja», alejada aún de los frentes de combate.
En Castellón de la Plana, de nuestra Región Valenciana —así era la denominación enton­ces— se encontraban unas fábricas de Armas, cu­ya instalación había procedido de la evacuación de la parte principal de las instalaciones, que hubo de hacerse en su día desde Oviedo, cuan­do la capital asturiana, —que históricamente viene cobijando «La Fábrica Nacional de Ar­mas»— se encontraba amenazada entre los pe­ligros de ser ocupada, dados los progresos triun­fales de las tropas sediciosas por aquella Región valiosa, militarmente apetecible por Franco, te­niendo en cuenta —podría influir, es un su­puesto—, que su esposa poseía la condición de ser asturiana.
El riesgo, las contingencias bélicas con todas sus consecuencias, se iban acercando a la pro­vincia de Castellón que abatida desde los fren­tes de Cataluña y Teruel, pronto podría sufrir las consecuencias de la guerra en sus feudos, que poco a poco, iban siendo ocupados por las fuerzas Franquistas inexorables.
Las fábricas de armamento instaladas en Castellón, se hubieron de evacuar en previsión a este posible desenlace —como llegó a ocu­rrir— iniciando su traslado a las poblaciones de Elda y Petrer, alejadas de los frentes de combate, donde existían naves libres de las fábricas de calzado, inactivas por la guerra, posibles de ser utilizadas, que se acondicionaron y aprovecha­ron en tiempo breve como así aconteció.
Pronto fue aspecto y atributo activo del mo­mento, el movimiento de camiones, trasladando maquinaria y enseres desde Castellón y también de personas trabajadoras procedentes de la realidad productiva que se trasladaba —algunas con sus familias—, que se instalaron en el pueblo durante un periodo alargado de tiempo.
Brigadas de albañiles —algunos de Petrer se emplearon en este menester— habilitando naves disponibles y ejecutando nuevas construcciones, crearon un ambiente de actividad inusitada, totalmente desconocido, respecto de lo que fueron los medios fabriles históricos del pueblo, calzados y alfarerías tradicionales, que se encontraban prácticamente inactivos, por la falta de la mano de obra consiguiente —las personas se encontraban en los frentes de combate— como la carencia del trasiego comercial necesario, inexistente por el desorden que la Guerra Civil había suscitado.
En las naves que asentaron la Fábrica de Calzados de Alfonso y Francisco Chico de Guzmán, que fueron la base de estos movimientos, a las que me estoy refiriendo en este trabajo, pronto se encontró funcionando, a plena actividad de personas y máquinas, lo que fue en denominarse, fábrica n° 11 de la Subsecretaría de Armamento, del Ministerio de la Guerra, dedicada inicialmente al montaje de fusiles —mosquetones Mauser concretamente— creando posteriormente una sección de ametralladoras, circunstancias todas que me motivan, al haber pertenecido como trabajador de esta empresa, de condición tan singular en nuestro pueblo, desde inicios a final de su actividad, algo más de año y medio aproximadamente.

José Mª Navarro a la entrada del antiguo Cuerpo de Guardia en la actualidad.
Se convocaron unas plazas de aprendizaje a las que concurrimos algunos muchachos del pueblo. También de las familias que —teniendo movilizados alguno de sus componentes, como trabajadores cualificados— vinieron evacuadas con las fábricas desde Castellón o alguno de sus pueblos importantes. Nos examinaron y unos doce chavales entre los del pueblo y foráneos, fuimos aprobados y admitidos inicialmente.
Prisas en los trabajos de instalación y pronto se acondicionaron las secciones productivas primordiales: Montaje y delineantes arriba; tornos y metalurgia abajo. Un patio con algún cubierto, guarecería provisionalmente la sección de empavonado y un corredor estrecho de los terrenos —protegido debidamente— se habilitó como probadero.
En dirección hacia Elda, a la izquierda, vecino de lo que fue vivienda del «tío Mulato», donde Amorós en la actualidad, tiene situada su exposición de trofeos deportivos y otras alegorías similares, se encontraba una nave que fue fábrica de tacones de Luis Verdú, que se destinó como almacén receptivo de partidas de fusiles deteriorados. Por ahí íbamos a empezar —arreglando el armamento dañado— mientras se formalizaba la fabricación normal con todas las consecuencias.
Prolegómenos
En el caso concreto mío, fui destinado a la sección del montaje de fusiles, como aprendiz entre otros tres aspirantes. El principal de las instalaciones, lo componían dos grandes bancadas paralelas de madera robusta, formando un amplío pasillo entre éllas, y en las cuales en cada lado de las mismas, se hallaban instalados cuatro «tomillos de banco» (8 en total), para el trabajo útil y uso propio de montar las armas.

Así es ahora más o menos -con pocas variaciones- la presencia de la nave principal con dos plantas, de lo que fue la Fábrica de Calzados, de Alfonso y Francisco Chico de Guzmán, que al transformarse en manufacturera de armamento, la maquinaria propia del calzado, fue trasladada y depositada en la iglesia -había sido incendiada a principio de la contienda civil-, convertida en almacén por desuso de la misma.
La bancada de la derecha, mirándola desde la entrada a la nave —a la que se accedía subiendo una amplia escalera—, se dispuso para trabajar la parte mecánica del fusil en sus facetas diversas y en la otra paralela, se le aplicaba, ajustándola bien, la culata de madera dura —haya o similar—, que llevan estas armas de fuego acomodaticias, destinadas a la infantería del ejército de cualquier país.
Mecánica y Carpintería con sus capataces correspondientes se complementaban con acciones apropiadas y el fusil con las pruebas previas pertinentes, quedaba terminado. Como mando superior, el Jefe de Sección. Yo pertenecía a la Mecánica a la que me voy a referir en primer lugar por su significación más amplia.

Esta nave se conserva tal cual exteriormente y estaba destinado al servicio complementario de cocina y comedor, para los operarios que lo precisaban.
Organización del trabajo
La actividad laboral —previo el control de entrada- se iniciaba a las 8 de mañana en el «tajo» correspondiente. Durante un periodo de tiempo determinado, hubo una situación peculiar diferenciada. Nos dirigíamos al lugar donde estaba construyéndose «el refugio protector de posibles bombardeos». Se formaba una larga «cola» organizada y de abajo arriba nos íbamos pasando, con capazos manuales, los escombros que los albañiles picando y ahondando en la tierra, habían generado el día anterior.
Esta inquietud también se trasladó al conjunto de la población, en la que se iniciaron igualmente la construcción de otros refugios para la protección múltiple, siendo principales los de las plazas de «Baix y Dalt» respectivamente y también en algunas casas partículares, acondicionaban lugares seguros —sóta­nos-bodega cuando lo disponían—almace­nando en estas estancias, los productos más ne­cesarios para estar abastecidos, en el supues­to de algún bombardeo. Petrer ya era un «ob­jetivo militar» y había de estar preparado pa­ra cualquier emergencia.

domingo, 24 de agosto de 2014

Cruz de los Caídos de Elda.

Parque cruz de los caídos / Parque de la concordia.

Esta vez viene la plaza de la concordia, un parque también al igual que plaza Sagasta con mucha antigüedad, aunque no tanta, fue construido en principio en lo que fuera el antiguo cementerio de Elda hasta principios de siglo XX, con el objetivo de homenajear a los caídos de un bando y de otro, en estas fotos veremos como ha evolucionado este parque a lo largo de los años, ya que ahora no es nada parecido a lo que fue en un principio, así podremos ver su evolución urbanística en todo este último siglo.
Como anécdotas cabe destacar que el monumento se creó el 28 de octubre de 1940 y que fueron quitadas de la calle Nueva parte o la totalidad (ese dato lo desconozco) de las farolas para iluminar dicho monumento.

Foto años 40, en ella apreciamos la falta de árboles y la ausencia de la valla que rodea su perimetro, al igual que la carretera de Petrer sin aceras, sólo con los arcenes.





Año 1942 vista completa del parque, se puede observar toda la cruz del monumento sin los árboles de por medio con los símbolos falangistas hoy en día eliminados.





Año 1942.







Años 60.





Año 1963 zona infantil de juegos en la cruz de los caídos, creado en febrero de 1962 gracias a la cesión de dinero que hizo la caja de ahorros de Novelda.



Entrada al parque en los años 80 aquí ya podemos apreciar que el parque esta completamente urbanizado, así como a la derecha se puede ver el mosaico que preside su entrada.





Vista del monumento en la actualidad.

DATOS PROCEDENTES DE

viernes, 22 de agosto de 2014

Un barco nazi en el puerto de Alicante (1936)

Un barco nazi en Alicante recibido con el puño en alto (1936) | Un barco de guerra de la Alemania nazi en el puerto de Alicante en 1936 (septiembre-octubre). El barco de guerra de la Kriegsmarine había llegado a Alicante como consecuencia del Pacto de No intervención aprobado por 27 estados europeos en agosto de 1936 y de la zona que la armada alemana debía vigilar. Un grupo de personas lo recibe con el puño en alto.

2 FOTOS.



Fotos de http://www.elche.me/galerias-de-imagenes/guerra-civil


El silenciado héroe republicano Un libro saca del olvido a Francisco Ros, que salvó a muchos franquistas pero sufrió torturas y palizas

El silenciado héroe republicano

Un libro saca del olvido a Francisco Ros, que salvó a muchos franquistas pero sufrió torturas y palizas


Francisco Ros, su mujer María y su hijo Salvador, el día de la comunión del niño en 1942.

En el transcurso de una entrevista, un empresario empezó a contar cosas de su padre. Pocas, porque tampoco sabía mucho de su pasado político. Sí que había sido un hombre bueno, republicano, el único en una acomodada familia de Orihuela, y que había sufrido mucho por ello, incluido un consejo de guerra. El periodista y escritor José Antonio Muñoz Grau se quedó con el nombre y se puso a investigar. Cinco años estuvo tirando del hilo con el que se teje el olvido y el oprobio hasta sacar a la luz la conmovedora historia de Francisco Ros Alifa, un militante de Unión Republicana que salvó la vida a centenares de personas, amigos y enemigos, franquistas perseguidos por milicianos descontrolados que se tomaban la justicia por su mano.
Protegía a la gente desde su cargo de director del hospital San Juan de Dios de Orihuela, que se convirtió en un refugio. Extendía partes médicos falsos, amañaba salvoconductos, mandaba ambulancias para atender presuntas urgencias y rescatar a alguien, se encaraba con el más despiadado cabecilla. Pero no dejó de ser, para algunos “un rojo peligroso”. Acabada la Guerra Civil, fue objeto de todo tipo de humillaciones, desde torturas y palizas hasta “su muerte social”. “Echaron una losa sobre su memoria que llega hasta nuestros días y que lo ha borrado de la historia de la ciudad”, explica Muñoz Grau, que ha plasmado su lustro de indagaciones en el libro Un republicano en Orihuela del Señor, que ha editado él mismo y que ha concitado un gran interés en la población natal de Miguel Hernández.
Precisamente, un investigador de la obra del célebre poeta que escribióEl rayo que no cesa, Santos Escarabajal, vio, desde México y por Internet, la entrevista al empresario Salvador Ros en el programa que dirige Muñoz Grau en un televisón local de la localidad alicantina y se dirigió a él. El investigador, que ganó en 2012 el Premio Internacional de Periodismo Miguel Hernández, junto al periodista Miguel Ángel Nepomuceno, por Las dos muertes de Miguel Hernández, le aconsejó que buscará documentación sobre Francisco Ros en el Archivo del Ejército de Madrid. “Efectivamente, allí encontramos que había sido sometido no a uno sino a dos consejos de guerra, algo que desconocían sus hijos”, comenta Muñoz Grau.


José Antonio Muñoz, autor del libro.
Entre los papeles se hallan numerosas declaraciones a favor de Ros ante el servicio de Investigación e Información de Falange Tradicionalista y de las J.O.N.S, o el juez militar, que fueron fundamentales para que se le absolviera en esos consejos. Como el testimonio de Eduardo Bueno firmado el 30 de abril de 1939, casi un mes después del fin de la Guerra Civil. Allí narra cómo el director del Hospital San Juan de Dios opuso tal resistencia a entregarlo a un vecino de Benejúzar, apodado El Tremendo, que quería matarlo, que finalmente éste desistió. Francisco Ros, don Paco, como le conocían en el pueblo, era una persona muy respetada en Orihuela.
“Fue un héroe, un Oskar Schindler oriolano”, sostiene Muñoz Grau, en alusión al alemán que salvó a un grupo de judíos en la Segunda Guerra Mundial y que inmortalizó Steven Spielberg en el cine. Con la ingente documentación que había recopilado y algunos testimonios orales, el escritor y periodista decidió escribir una novela basada en hechos reales, ocurridos entre 1936 y 1946, que le sirvió también para sobrellevar el tratamiento de un cáncer.

Conocer al padre

“Desde un principio creí que la novela era la mejor forma de contar la historia de Paco Ros. Es una historia coral, llena de héroes anónimos, que no he querido dejar en las cunetas sociales o políticas de una ciudad difícil; recrea los ambientes y las costumbres de la época, y, sobre todo, refleja el poder de la Iglesia en el día a día de los ciudadanos, así como su colaboración con el poder político, decidiendo en muchos casos sobre la vida o la muerte de la gente”, señala Muñoz Grau. “Perseguir, torturar, y enterrar socialmente a quien te ha salvado la vida, simplemente porque es republicano, es un ejemplo de lo que fue la vida en Orihuela en la posguerra”, añade.
El pasado mes de mayo presentó su obra, con prólogo de Isabelo Herreros, en Orihuela con la sala atestada de gente. “Cuando acabó el acto, los hijos de Paco Ros me abrazaron. 'Voy a conocer a mi padre a través de ti', me dijo uno", concluye.

lunes, 7 de julio de 2014

El Ayuntamiento crea una imagen para los refugios

El Ayuntamiento crea una imagen para los refugios

  • Es el primer paso para poner en valor estos subterráneos de la Guerra Civil y crear una ruta visitable para turistas y alicantinos

  • La Concejalía de Imagen Urbana ha creado un logotipo específico para los 94 refugios antiaéreos de la Guerra Civil ubicados por toda la ciudad como un primer paso para crear una ruta histórica visitable para turistas y alicantinos. Cada uno de estos espacios subterráneos creados para salvaguardar a la población de los bombardeos cuenta con una 'R' y un número determinado, que corresponde al descubrimiento del mismo.
    El diseño de las puertas para el refugios de la Guerra Civil de la reformada plaza de Séneca es la primera intervención, junto a la puerta del refugio de Balmis, que incorpora la nueva imagen de marca 'Refugios de Alicante'. La puerta del primero con el logotipo ya se puede ver, mientras que el de la remodelada plaza del centro se encuentra en la acera, a ras de suelo.

  • La Concejalía de Imagen Urbana ha encargado al estudio Rocamora Arquitectos este diseño, que se ha proyectado como un gran cartel, legible a distancia: «El texto de la marca se recorta en la chapa dotando de ventilación natural a los refugios, y volumen al texto ,haciendo más legible al visitante desde los diferentes puntos de la plaza», explicaba Ángel Rocamora, autor del logotipo.
  • Con el tiempo, ambos serán visitables puesto que su estructura de hormigón les ha permitido aguantar todo este tiempo. No ha ocurrido lo mismo con otros como el de las plazas del Carmen o de Quijano, construidos con ladrillo y que se han deteriorado mucho.
    La Concejalía de Imagen Urbana, con la colaboración de la Diputación Provincial de Alicante, han costeado este trabajo de investigación, recopilación y una primera puesta en valor de los refugios antiaéreos de Alicante como elemento cultural e histórico de la ciudad. Están incluidos dentro del Plan Especial de Protección Arqueológica y, por tanto, no se pueden perder.
    Y es que el Ayuntamiento ha rastreado durante más de dos años todos estos refugios creados a partir de 1938, con ayuda de historiadores y expertos. Las indagaciones hacen creer que se llegaron a construir 97 refugios, con capacidad para albergar a los 108.000 habitantes censados entonces de la ciudad, por lo que faltan tres cuya ubicación se desconoce.
    La idea que mantiene todavía el Consistorio es poder abrirlos para el conocimiento de los escolares y alicantinos en general. Su intención es que pueda albergar en su interior una exposición o proyección audiovisual sobre el papel que desempeñaron estas construcciones durante la Guerra Civil.
    Por el momento, explican desde el Consistorio y la Diputación, todavía no es viable económicamente reformar todas estas estructuras. Pero los primeros pasos se han dado, como demuestran la creación del logotipo que señala la ubicación de los refugios (a la derecha) y un primer diseño de cómo quedará el subterráneo de la plaza Balmis (en la imagen superior).




'Llapis, paper i bombes', una exposición sobre dibujos de niños durante la Guerra Civil, Benissa.

'Llapis, paper i bombes', una exposición sobre dibujos de niños durante la Guerra Civil

  • La muestra permanecerá abierta desde el 4 hasta el 25 de julio

  • Refleja las experiencias vividas por la infancia en la guerra a través del lenguaje visual.


El 4 de julio fue inaugurada laexposición Llapis, paper i bombes en la Sede de La Marina (Benissa) de la Universidad de Alicante, un evento que recoge copias de dibujos que hicieron las niñas y niños durante la Guerra de España (1936-1939). Un equipo de profesores de secundaria (José Antonio Fernández, Ramón Galdrán, Remedios Izquierdo, Carlos Salinas, Teresa Sanz) ha producido la muestra bajo el patrocinio de la Universidad alicantina, que permanecerá expuesta hasta el 25 de julio.
Una característica de las guerras del siglo XX hasta hoy es que la población civil se ve más afectada que los militares. En noviembre de 1936 las fuerzas franquistas sitiaban Madrid y los bombardeos de aviación y morteros se sucedían diariamente. El gobierno de la República, a través del ministerio de instrucción con la ayuda de comités de partidos, sindicatos y asociaciones, organizó la evacuación de la infancia amenazada.
Entrada Expo BenissaLos convoyes salían de noche por carretera y ferrocarril hacia zonas más seguras. Los niños de Talavera, Madrid y Málaga partían hacia Cuenca, Cataluña, las provincias valencianas y Murcia. La caída del Norte provocó unéxodo principalmente hacia Francia, Bélgica, Gran Bretaña y la URSS. Unos eran acogidos por familias voluntarias y otros fueron agrupados en colonias colectivas.
Estas se regían por unas orientaciones comunes organizativas, pedagógicas y educativas. En ellas 25-50 escolares vivían en comunidad con sus maestros, seguros y cubiertas sus necesidades básicas y formativas. Los edificios requisados a tal fin solían ser palacetes abandonados, fincas de recreo y casonas rurales.
Estudio, juegos y tareas compartidas les mantuvieron ocupados hasta el fin de la guerra. Una de las actividades fue el dibujo. El objetivo era doble: vender las láminas en libros y exposiciones (Valencia, Barcelona, París, Nueva York) a fin de obtener recursos para las colonias y también servir de terapia psicológica por las tensiones sufridas.
Por ello en esta muestra los dibujos han sido seleccionados paracomunicarnos los sentimientos infantiles de miedo, desarraigo, la añoranza del hogar en paz, el terror a los bombardeos aéreos, la evacuación, la vida cotidiana en las colonias y los deseos de futuro para cuando se venciera a los sublevados.
LLAPIS-BENISSAMuchas de estas imágenes se han conservado en la Biblioteca Nacional (Madrid) y en las universidades de Columbia (Nueva York) y San Diego (California), de donde se han obtenido lascopias digitales. Pero los edificios que albergaron a aquellas comunidades han tenido una suerte diversa. Se mantienen en buen estado los que desarrollan un uso privado o público. Otros se arruinan, convertidos en solares o sustituidos por nuevas urbanizaciones.
Llapis, paper i bombes fue inagurada por primera vez en julio de 2013 en el campus de Sant Vicentde la Universidad de Alicante. Desde entonces lleva un largo itinerario (Alicante, Alcoi, Elda, Orihuela, Xixona) y está previsto futuras instalaciones. Sin duda su éxito radica en que los estudiantes y el público pueden comprender mejor las experienciasvividas por la infancia de los tiempos de guerra a través de su propio lenguaje visual.

http://www.alicantenoticias.es/wp-content/uploads/2014/07/Exposicion.jpg

martes, 3 de junio de 2014

Testimonio gráfico publicado en INFORMACIÓN en abril de 1942 que muestra a los refugiados republicanos en el puerto de Alicante. 
Imagen sacada dehttp://www.diarioinformacion.com/multimedia/imagenes.jsp?pRef=2014033000_12_1485474__Alicante-final-Guerra-Civil-Alicante

miércoles, 21 de mayo de 2014

REFUGIOS ANTIAÉREOS DE ORIHUELA.

REFUGIOS ANTIAÉREOS:

                     LA DEFENSA PASIVA.  LOS REFUGIOS ANTIAÉREOS

El bombardeo sobre ciudades y sus poblaciones civiles adquirió carta de naturaleza como táctica militar en la Guerra Civil Española. Dada la superioridad aérea del bando nacional, durante la mayor parte de la contienda, la mayoría de estos bombardeos se produjeron sobre zona republicana, Guernica, Bilbao, Barcelona, Valencia, Cartagena, Almería, etc. 
Las autoridades republicanas a fin de proteger a la población crearon la Junta Central de Defensa Pasiva, de la que dependían las Juntas Provinciales y las Juntas Locales, cuya misión principal era proteger a la población de los bombardeos de la aviación franquista. Estas instituciones, junto con los ayuntamientos, se encargaron directamente de la construcción de refugios antiaéreos, editaron además una serie de folletos proporcionando las indicaciones técnicas necesarias para que los vecinos y asociaciones pudieran construir sus propios refugios. 



                  REFUGIOS ANTIAÉREOS EN ORIHUELA

En el caso de Orihuela el Consejo Municipal se encargó directamente de la construcción de los principales refugios, así en las Actas Municipales está atestiguada la construcción o demolición de varios refugios antiaéreos, entre ellos destacan:

El Refugio de la Plaza Ramón Sijé, excavado bajo la plaza y formado por cuatro galerías paralelas. (A.M.O.* B-60, Sesión Supletoria 7-I-1937)

El Refugio de la Calle Santa Justa, excavado en la roca caliza del Monte de San Miguel. (A.M.O. B-61, Sesión 28-IV-1938 y Sesiones de 23 y 28-II-1939

Refugio Antiaéreo del Túnel de San Francisco, excavado en la roca de Las Espeñetas, de considerables dimensiones, con capacidad para carros. (A.M.O. B- 60, Sesión Supletoria 7-I-1937)

 Refugio de la Plaza del Carmen. (A.M.O. B- 60, Sesión Supletoria 7-I-1937)

 Refugio de Jesús María.  (A.M.O. B-62, Sesión de 4-V-1940)

Refugio de San Sebastián. (A.M.O. B-62, Sesión de 4-V-1940)

Varios sótanos acondicionados como refugios. (A.M.O. B-60, Sesión Supletoria 10 de XII-36)




De estos refugios son tres los que se han conservado en relativo buen estado:

                 REFUGIO ANTIAÉREO DE LA PLAZA RAMÓN SIJÉ   
                                         (actual Plaza del Marqués de Rafal) 

Se inicia su construcción en diciembre de 1936, aunque posiblemente no se concluyó hasta junio de 1937. La obra se ciñe a uno de los modelos propuestos por la Junta de Defensa Pasiva, “refugio en galerías a poca profundidad”. Ocupa prácticamente toda la plaza y consta de cuatro galerías paralelas intercomunicadas, con accesos en dos esquinas de la plaza mediante escaleras. El techo no es abovedado sino que está formado por una losa de hormigón y vigas de hierro, tenía además una cubierta de obra que sobresalía más de un metro sobre el nivel de la plaza y que no se ha conservado, pues se retiró en abril de 1940.

                                                      

                           REFUGIO DEL TUNEL DE SAN FRANCISCO

Refugio excavado en la roca caliza del Cabezo de Las Espeñetas, realizado mediante la explosión de barrenos. Su construcción se inició en 1937. Lo conforma un único túnel de sección rectangular con las esquinas redondeadas. Mide unos 26 m de longitud, con una anchura entre 3,35 y 3,68 m y una altura entre 2,69 y 3,60 m.




                              EL REFUGIO DE LA CALLE SANTA JUSTA

DESCRIPCIÓN:

Consiste en un túnel de trazado sinuoso excavado en la roca. Tiene  entre 2 y 2,50 m. de altura y una anchura entre 1,50  y 3,60  m. Iniciaba su recorrido junto a la Calle Santa Justa, en el retén de la Policía Municipal, para después de unos 80 m. salir por la actual C/ Triana.
Toda la obra está excavada en la roca, apreciándose las marcas de los barrenos, solo la entrada y dos cuñas anti-metralla, situadas en sus proximidades, son obra de mampostería y cemento.  Junto a lo que fue antiguo retén, se conserva también una interesante bóveda de ladrillos algo peraltada, típica de este tipo de construcciones defensivas. Las actuales escaleras de acceso son obra moderna.
 Según referencias del antiguo capataz municipal de obras, la puerta original del refugio no sobresalía hacia la calle, como pasa actualmente, estaba situada sobre el muro en que se abre el túnel, por contra eran las escaleras las que invadían la calle. Fue el propio capataz quien dirigió las obras de construcción del tejadillo de la entrada, entrada que se cegó en los años 90 para acondicionar una hornacina alicatada, con una Virgen de Triana  pintada sobre azulejos. 








                ANTECEDENTES HISTÓRICOS Y ARQUEOLÓGICOS DEL INMUEBLE

El Consejo Municipal de Orihuela se encargó directamente de la construcción de los principales refugios durante la guerra Civil, entre ellos el de la Calle Santa Justa,  (A.M.O. B-61, Sesión 28-IV-1938 y Sesiones de 23 y 28-II-1939).
Fue uno de los últimos refugios en construirse, su obra fue acordada en Sesión del Consejo Municipal de 28 de abril de 1938.
Después de la guerra se usó como almacén municipal. Al construirse los Juzgados en los años 70 se cegó una de sus entradas. Siguió usándose como almacén hasta los años 90 del siglo pasado, fecha en que se clausuró la otra entrada para construir una hornacina que incluía un panel de azulejos con una representación de la “Virgen de la Esperanza de Triana”.
El 12 de enero de 2011 el Excmo. Ayuntamiento procedió a abrir de forma provisional el refugio, que llevaba prácticamente dos décadas cerrado. Se derribó el fondo de la hornacina y se procedió a la eliminación de los escombros y enseres que permanecían en el lugar tras sus años de uso como almacén.
Este mismo año de 2011 se restauró la escalera existente, se instaló iluminación, incluida la de emergencia, así como señalización de evacuación a fin de permitir el acceso al público, mediante visitas concertadas.
En 2013 se rehizo la escalera para facilitar el acceso al público, se cambió la puerta y se eliminaron los azulejos de la entrada, eliminando así todos los restos de la hornacina de los años 90.

VALORES PATRIMONIALES:

Estos  refugios antiaéreos tienen un doble valor patrimonial:

Material, en cuanto testimonio físico de un momento histórico concreto, la Guerra Civil Española.
Y simbólico, como testimonio del sufrimiento de la población civil en las contiendas bélicas y el esfuerzo del gobierno republicano por protegerla.
El Consell Valencià  de cultura y programas europeos como Landacapes of War, abogan por la conservación y puesta en valor de este tipo de patrimonio. El CVC ha propuesto su declaración como BIC (2004) o como BRL (2007 y 2011).

http://patrimoniohistorico.orihuela.es/p/blog-page_16.html