Vistas de página en total

martes, 2 de mayo de 2023

Los hijos del Stanbrook vuelven a casa Entre 12.000 y 20.000 republicanos se refugiaron en Argelia en barcos fletados los últimos días de la Guerra Civil. La mayoría acabaron en campos de concentración franceses. Ahora un grupo de descendientes regresan a España 60 años después.

 

Los hijos del Stanbrook vuelven a casa

Entre 12.000 y 20.000 republicanos se refugiaron en Argelia en barcos fletados los últimos días de la Guerra Civil. La mayoría acabaron en campos de concentración franceses. Ahora un grupo de descendientes regresan a España 60 años después.


Stanbrook
El Stanbrook atracado en Orán, abarrotado de refugiados españoles procedentes del puerto de Alicante. — Wikipedia

El padre de Vicente Ruiz logró subir a bordo del buque mercante Stanbrook el 28 de marzo de 1939. El Ejército republicano se batía en retirada mientras las tropas de Franco asediaban Alicante, donde 15.000 refugiados habían quedado atrapados en el puerto. Casi 3.000 abarrotaron la cubierta de 70 metros de eslora, con el aliento de la armada franquista y la aviación nazi en el cogote. El Stanbrook consiguió poner rumbo a Orán en unas horas dramáticas. Fue el último de la cascada de barcos españoles que evacuaron a miles de refugiados hacia Argelia en la agonía de la República. Cuatro días después, la Guerra Civil terminó.

La mayoría de los exiliados que llegaron a Argelia acabaron en campos de concentración franceses. El progenitor de Vicente Ruiz también. "Mi padre estuvo en una carcelita que montaron en el puerto de Orán. Luego lo transfirieron a varios campos de concentración y acabó en Beni Saf", asegura por teléfono desde Málaga, donde se encuentra junto a su esposa procedente de Australia, su país de acogida desde hace 58 años. "Las condiciones de vida de los campos eran más que duras. Era la brutalidad. Lo peor que se puede esperar de la humanidad. Los trataban como en los campos de exterminio nazi", dice con un pulcro español que desgrana con lentitud y precisión.

Su padre fue obligado a trabajar en el ferrocarril Transahariano y más tarde en las minas de carbón de Kenadsa, que explotaba el Gobierno colaboracionista francés para nutrir la industria militar de Hitler. "Los refugiados españoles triplicaron la producción aquellos años", asegura su hijo, de nombre también Vicente. De allí logró escapar junto con varios compañeros, sin saber que las tropas aliadas acababan de liberar el Magreb. Era el año 1943. Y Vicente Ruiz Gutiérrez, miliciano libertario de la CNT, se vio forzado a vagar sin papeles de ciudad en ciudad para poder sobrevivir.

Vicente Ruiz
Vicente Ruiz, en uno de los campos de concentración de Argelia.  Archivo de Vicente Ruiz hijo

Nacido en Guadalcázar (Córdoba) en 1912, creció en Málaga hasta que el golpe militar de Franco partió por la mitad su vida y la de millones de españoles. Vicente Ruiz formó parte del batallón juvenil libertario que defendió la ciudad andaluza frente al asedio de los sublevados. Fue comisario político y uno de los líderes que organizaron el proyecto colectivista agrario que animaba los ideales anarquistas de principios del siglo XX. En febrero de 1937, engrosó la columna de civiles de la Desbandá que escapó de Málaga camino de Almería entre intensos bombardeos de la armada franquista. Meses después acabó luchando en Madrid, antes de que el frente republicano se derrumbara y se replegara a Valencia.

A finales de los cuarenta, entró en territorio marroquí. "Cruzó de forma clandestina, como la mayoría de los refugiados. No tenían libertad de movimientos ni permiso de residencia. Era la pescadilla que se mordía la cola. Sin permiso de trabajo, no te daban permiso de residencia y sin permiso de residencia no te daban el de trabajo". Su madre salió de España a finales de los años cuarenta y se unió al combatiente anarquista exiliado para establecerse en Marruecos.

Vicente Ruiz: "Todos sufrieron los campos de concentración, la tortura, las palizas, las dificultades económicas"

Casablanca fue finalmente la ciudad de destino. Allí encontraron seguridad y trabajo. Y una creciente comunidad de refugiados españoles, la mayor parte integrantes del movimiento libertario. "La vida de mis padres la puede usted multiplicar por miles. Desgraciadamente, todos sufrieron los campos de concentración, la tortura, las palizas, las dificultades económicas", relata Vicente Ruiz. Su padre trabajó como mecánico de una empresa francesa de camiones. Y allí nació él en 1952. Siete años después, los republicanos abrieron en Casablanca la Asociación Cultural Armonía, que se convirtió en refugio de exiliados y escuela de la nueva generación de españoles que estaba floreciendo ya en suelo marroquí.

Vicente Ruiz
Vicente Ruiz, en uno de los campos de concentración de Argelia.  Archivo de Vicente Ruiz hijo

"Allí aprendimos a apreciar la literatura castellana, la poesía y la lengua española, el teatro, la historia, la filosofía, la música. Daban clases por las noches, los miércoles y los jueves, y poco a poco se iba incorporando toda la inmigración económica que llegaba al país. Llegó a sumar casi cuatrocientas familias republicanas. Era mi segunda casa", asegura Vicente Ruiz. A principios de los sesenta, la situación de los refugiados españoles se complicó. En 1961, accede al trono Hassan II y sus cordiales relaciones con el dictador Franco sembraron la inquietud entre la comunidad republicana, temerosa de que el monarca marroquí acabara entregándolos al régimen franquista.

Se produjo una nueva "desbandá" y, una a una, las familias refugiadas fueron abandonando el país hacia las más dispares latitudes del planeta: Argentina, Uruguay, Chile, Cuba, Canadá, Suecia, México o Francia. En 1965, la familia Ruiz dejó Marruecos con destino a Australia. "Viajamos con pasaporte de las Naciones Unidas, como otras 11 familias que también recalaron en Melbourne", puntualiza el hijo del miliciano anarquista. La integración en el nuevo país de destino no fue un camino de rosas. El idioma se alzó como un muro infranqueable. "A nosotros nos parecía que hablaban como si tuvieran gachas en la boca. Muchas personas mayores tuvieron que esperar a que los jóvenes aprendiéramos inglés e hiciéramos de intérpretes". La última familia de Casablanca llegó a Melbourne en febrero de 1966.

Entre 1939 y 1943 se levantaron centenares de campos en todo el Magreb para confinar a los exiliados

El abuelo de Eliane Ortega Bernabéu también zarpó hacia Argelia en los últimos días de la República. Exactamente el 12 de marzo de 1939. Y lo hizo a bordo del Ronwyn. Él fue uno de los primeros que inauguró los funestos campos de concentración franceses. "A mi abuelo lo metieron en una antigua cuadra de caballos de la guerra de 1914. Estaba llena de ratas", asegura Eliane Ortega, que lleva veinte años investigando la odisea de los refugiados españoles en el norte de África. Entre 1939 y 1943 se levantaron centenares de campos en todo el Magreb para confinar a un aluvión de exiliados peninsulares, cuya cifra se estima entre 12.000 y 20.000 personas.

"Por el momento, se han identificado 110 campos, 70 de ellos en Argelia. En Marruecos ya se cuentan una docena, igual que en Túnez", expone la investigadora y nieta del exiliado español republicano. Muchos de los centros de detención se levantaban inicialmente con una alambrada y tiendas de campaña militares. No tenían luz ni agua. Y para hacer sus necesidades, abrían zanjas en las afueras del centro de confinamiento. "Los obligaban a trabajar en el Transmediterráneo o en las minas de carbón de Kenadsa", relata. Su abuelo, Gerardo Bernabéu, salió del campo en marzo de 1940. Una familia de Alcoy lo acogió en su casa junto con un hermano suyo. Para salir del centro de detención necesitaban un tutor, un contrato de trabajo, una vivienda de acogida y una familia que respondiera por los prisioneros.

Logró un empleo en la firma americana de máquinas de escribir Remington. Su padre viajó a Argelia en 1948, cuando muchos de los Ortega fueron puestos en libertad por el régimen franquista y la familia pudo reagruparse en el norte de África. Eliane Ortega nació en Orán en 1954. Y allí transcurrió su infancia y su juventud. "Fue una vida muy feliz, rodeada de toda mi familia y con mucho cariño", explica. Estudió en el instituto francés y vivió en un barrio humilde entre argelinos. "Las relaciones entre los republicanos y los argelinos eran muy buenas. Y sigo teniendo amigos allí. Los franceses eran los colonizadores, los que mandaban, y nosotros éramos mierda para los gallos", relata.

De hecho, la comunidad española de refugiados apoyó años después la lucha por la independencia argelina. "Mi padre perteneció al Frente de Liberación Nacional. Los republicanos apoyaron la democracia. Y me acuerdo perfectamente de las bombas y los tiroteos en la calle" durante la guerra contra el ocupante francés. Nada que ver con la antigua comunidad española que vivía en Orán desde hacía décadas y que se alió sin fisuras con los colonialistas galos. Eran los pieds noirs.

Campo de concentración de Djelfa Argellia 1941-1943
Campo de concentración de Djelfa Argellia 1941-1943.  Archivo de Eliane Ortega

Eliane Ortega fue tomando poco a poco conciencia de la tragedia republicana y de la condición de refugiados de miles de españoles instalados en Argelia. "Yo sabía que mi padre odiaba a los curas, odiaba a Franco, que España era un país atrasado y que allí para ir a un colegio había que bautizarse. En Orán no teníamos esas restricciones. Teníamos pura libertad de pensamiento. Eso sí: hasta que no fui mayor nunca supe que mi abuelo había estado en un campo de concentración".

Con 18 años se fue a estudiar a Perpiñán, en Francia. Y poco después entró en España por primera vez. "Sentía que era un país cateto, analfabeto, retrasado. Y yo venía de un país culto, donde la mujer disfrutaba de libertad de pensamiento. Iba con minifalda por la calle y todo el mundo me miraba". Sus padres se instalaron poco después en Barcelona, en el año 1974. Muchos otros republicanos se fueron estableciendo en distintos países del mundo, singularmente en Francia.

Elaine Ortega: "Es mi tierra. Yo soy española de Orán"

La última vez que regresó a Argelia fue en el año 2019. Lo hizo para participar en un congreso internacional organizado en Orán y Argel por el Ministerio de Asuntos Exteriores español y el secretario de Estado de la Memoria Histórica, Fernando Martínez. "Montamos un congreso sobre los refugiados maravilloso, único, irrepetible", proclama. Eliane Ortega vive en Canarias. Pero se sigue sintiendo argelina. "Es mi tierra. Yo soy española de Orán. Mi corazón, mi infancia y mi cultura están allí. Yo no he comido paella. He comido cuscús".

El padre de Vicente Ruiz, en cambio, nunca regresó a España. Salió en el Stanbrook en 1939 y ya jamás volvió. "Cuando murió Franco, uno de mis primos llamó a mi padre. Y le dijo: Tito, ¿cuándo vienes para España, que te quiero conocer?. Y mi padre le contestó: Cuando haya democracia, sobrino. Y mi primo le replicó: Entonces jamás te veré". Y así fue. Los republicanos de la diáspora australiana sintieron que la transición fue, en realidad, una continuación del régimen franquista aunque con otro rostro.

Antes de enfermar de Alzheimer, su padre empezó a redactar sus memorias. Y aquellas páginas, escritas algunas a mano y otras con la vieja Remington, fueron las que revelaron al hijo años más tarde el drama que acompañó toda su vida al miliciano libertario que un día se subió al Stanbrook en el puerto de Alicante para salvar el pellejo.

Vicente Ruiz Gutiérrez murió en Melbourne en 1998. Aún no había cumplido los 86 años. Poco después falleció también su esposa. En 2015, Vicente Ruiz hijo viajó a España para satisfacer el deseo de los padres: regresar algún día a Málaga. Sus cenizas fueron esparcidas sobre un rosal y las aguas azules del Mediterráneo. "Aunque se consideraba ideológicamente un internacionalista", sostiene Vicente Ruiz emocionado, "de corazón se sentía muy andaluz".

El de ahora es el último viaje que Vicente Ruiz y su esposa harán a España. El 2 de mayo pronunciará una conferencia en la Universidad de Alicante junto con otros colegas. Hablarán del exilio, del dolor, del desarraigo y del desplome del sueño republicano. Luego se trasladarán a Barcelona y desde allí volarán a Londres para encontrarse con su hijo y su nieto. "Esa es la tragedia de los exiliados. Que la familia está esparcida por todas las partes del mundo", lamenta con la voz entrecortada al otro lado del teléfono.

Vicente Ruiz: "Somos miles los que hemos sufrido lo mismo"

En Alicante participará en el acto sobre los refugiados republicanos. Pero no solo. También se encontrará con un grupito de antiguos amigos de Casablanca, hijos igualmente del Stanbrook y el Ronwyn, y del reguero de barcos que sacaron a miles de exiliados cuando la República ya era un montón de escombros. "Van a venir varios de Francia también y vamos a estar llorando como magdalenas cuando nos abracemos". Entonces habrán pasado 60 años desde que se despidieron en la ciudad marroquí.

"Todo este relato no es mío", declara Vicente Ruiz. "Somos miles los que hemos sufrido lo mismo". Una legión de refugiados españoles que alcanzaron las costas de Orán en una sobrecogedora odisea que les ha dejado heridas imborrables.

FUENTE: https://www.publico.es/politica/hijos-stanbrook-vuelven-casa.html



Refugio antiaéreo guerra civil en Torrevieja

 

Refugio antiaéreo guerra civil en Torrevieja



REFUGIO DE LA GUERRA CIVIL SANTA JUSTA - ESPAÑOL


 

lunes, 1 de mayo de 2023

domingo, 30 de abril de 2023

¿Por qué el médico de Durruti ingresó en un manicomio? Bastos Ansart fue uno de esos médicos que trabajaron a destajo durante la Guerra Civil, pero tras la contienda se convirtió en víctima de las represalias franquistas

 

¿Por qué el médico de Durruti ingresó en un manicomio?

Bastos Ansart fue uno de esos médicos que trabajaron a destajo durante la Guerra Civil, pero tras la contienda se convirtió en víctima de las represalias franquistas

El cirujano Manuel Bastos Ansart.
 El cirujano Manuel Bastos Ansart. La Razón

El doctor Manuel Bastos Ansart (1887-1973) era uno de esos cirujanos que trabajaron a destajo durante la Guerra Civil española, en su caso en el Hospital Quirúrgico número uno, de la CNT, improvisado en el vecino Hotel Ritz. Ansart se afanaba en suturar los múltiples orificios de las vísceras huecas o de extirparlas si estaban destrozadas, en especial si se trataba del riñón o del bazo. Recordaba él, a este propósito, que durante la extracción de un bazo estallado irrumpió en la sala un conocido reportero gráfico sin que él se enterase, abstraído como estaba en la operación, y tomó varias fotografías que luego se publicaron ampliadas en la prensa. Aquel herido grave sí vivió al final para contarlo... Al contrario que Buenaventura Durruti.

Bastos Ansart era ya entonces un «pata negra» de la ciencia médica. Licenciado con solo 19 años en la Facultad de Medicina de Zaragoza, había sido profesor auxiliar de Patología quirúrgica en Madrid, encargado de cátedra, médico de la Real Casa y de la Beneficencia General del Estado; además de fundador y presidente honorífico de la Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología. En las manos de pianista del doctor Ansart se depositó en parte la última esperanza de Durruti con el fatal desenlace que el lector ya conoce. Pero, tras la contienda civil, el médico que atendió a Durruti se convirtió en víctima de las represalias franquistas.

Ansart fue juzgado y condenado a doce años y un día de prisión por un consejo de guerra en Alicante, acusado de «auxilio a la rebelión», pese a declarar que él «jamás había pertenecido a partido político alguno y que sólo actuó como profesional, no pudiendo evitar su colaboración con el Gobierno republicano por su condición de traumatólogo, que impedía que se evadiese». El juez instructor envió el siguiente comunicado al capitán general de la Primera Región Militar, en el que ya se enumeraban algunos cargos contra el médico. Datado en Madrid el 20 de enero de 1943, decía así: «Dio comienzo el presente procedimiento señalado con el número 34.636, seguido contra Manuel Bastos Ansart [...] De lo actuado se deduce: que contra el encartado se suscribió una ficha acusatoria en la que se le hacen los siguientes cargos: en 1934 protegía a los mineros heridos con perjuicio de los inválidos; tenía amistad en aquella fecha con Margarita Nelken y otros dirigentes socialistas; ridiculizaba a la Hermanas de la Caridad y a las personas de orden; perseguía a los funcionarios modestos dando lugar a que éstos en asamblea le obligaran a presentar la dimisión. El encartado era director de Reeducación de Inválidos. Se le instruyó procedimiento siendo condenado en el Consejo de Oficiales Generales de Alicante a la pena de doce años y un día, y ha sido puesto en libertad condicional con fecha siete del pasado noviembre, desconociéndose los cargos que al citado se le hicieron».

El acusado de «auxilio a la rebelión» había sido internado tres años antes en un hospital psiquiátrico, como parte del cumplimiento de la pena, según informaba el comisario jefe del Servicio Nacional de Seguridad al Juez Militar de Funcionarios número 5, en este otro desconocido documento del 23 de noviembre de 1939: «En contestación a su respetable escrito de fecha 17 de los corrientes, interesando la detención de Manuel Bastos Ansart, director que fue del Instituto Nacional de Reeducación de Inválidos, tengo el honor de comunicar a V.I. que, según me informa el agente don Pascual Calvo, no ha sido posible efectuar la detención por estarlo ya con anterioridad, encontrándose en la actualidad en el Manicomio Provincial de Alicante, de Elda, cumpliendo la condena de 12 años y un día, impuesta por el Consejo de Oficiales Generales de Alicante y encontrándose en aquel Centro por padecer síntomas de enajenación menta

No más condenas

El doctor se libró finalmente de más condenas, según lo acordado por el Juzgado Militar Eventual número 22, que había abierto en su contra el procedimiento sumarísimo número 34.636. El Auditor de Guerra comunicaba esta decisión en un nuevo documento, fechado en Madrid el 28 de enero de 1943, que exhumamos ahora también de su expediente inédito: «Examinada la presente causa número 34.636, instruida contra Manuel Bastos Ansart. Considerando: Que del examen de las actuaciones aparece que el encartado ha sido juzgado anteriormente por hechos cuya penalidad rebasa la que pudiera imponérsele por los que son objeto de estas actuaciones. Visto el inciso segundo del artículo 536 del Código de Justicia Militar. Es procedente acordar el sobreseimiento definitivo de esta causa».

Últimos años

Puesto finalmente en libertad, Manuel Bastos Ansart se estableció enseguida en Barcelona, en cuya Real Academia de Medicina ingresó por méritos propios en 1965, hasta su muerte acaecida el 22 de enero de 1973. El doctor Bastos Ansart no era de ningún modo un enfermo mental, por mucho que se empeñasen los tribunales de justicia en declararlo como tal, o incluso quienes llegaron a pensar que él mismo había simulado serlo para burlar la cárcel con un internamiento aún peor. Lo cierto e innegable es que su entrega completa y desinteresada a los heridos durante la Guerra Civil española y su carrera intachable como médico, acreditada con su brillante currículo, fueron «recompensadas» con una implacable condena de «doce años y un día» de prisión nada menos. No hay duda de que este castigo inesperado y a todas luces excesivo debió sumirle durante algún tiempo en una profunda crisis personal.

¿Por qué el médico de Durruti ingresó en un manicomio?

Bastos Ansart fue uno de esos médicos que trabajaron a destajo durante la Guerra Civil, pero tras la contienda se convirtió en víctima de las represalias franquistas

El cirujano Manuel Bastos Ansart.
 El cirujano Manuel Bastos Ansart. La Razón
El doctor Manuel Bastos Ansart (1887-1973) era uno de esos cirujanos que trabajaron a destajo durante la Guerra Civil española, en su caso en el Hospital Quirúrgico número uno, de la CNT, improvisado en el vecino Hotel Ritz. Ansart se afanaba en suturar los múltiples orificios de las vísceras huecas o de extirparlas si estaban destrozadas, en especial si se trataba del riñón o del bazo. Recordaba él, a este propósito, que durante la extracción de un bazo estallado irrumpió en la sala un conocido reportero gráfico sin que él se enterase, abstraído como estaba en la operación, y tomó varias fotografías que luego se publicaron ampliadas en la prensa. Aquel herido grave sí vivió al final para contarlo... Al contrario que Buenaventura Durruti.

Bastos Ansart era ya entonces un «pata negra» de la ciencia médica. Licenciado con solo 19 años en la Facultad de Medicina de Zaragoza, había sido profesor auxiliar de Patología quirúrgica en Madrid, encargado de cátedra, médico de la Real Casa y de la Beneficencia General del Estado; además de fundador y presidente honorífico de la Sociedad Española de Cirugía Ortopédica y Traumatología. En las manos de pianista del doctor Ansart se depositó en parte la última esperanza de Durruti con el fatal desenlace que el lector ya conoce. Pero, tras la contienda civil, el médico que atendió a Durruti se convirtió en víctima de las represalias franquistas.

Refugio antiaéreo de la guerra civil.1936 Orihuela.con una longitud conservada de unos 80 m.1938

 


viernes, 28 de abril de 2023

Inés Parra Rondón. Pasajera del Stanbrook

 Inés Parra Rondón, que fuera empleada del hogar en la farmacia de los Pitalúas, siendo detenida por los sublevados y fusilada el 3 de febrero de 1937 junto al propietario y los dos hijos del establecimiento boticario donde trabajaba.  Inés tuvo un hijo de un primer novio que tuvo, José Parra Rondón, panadero, miliciano que combatió en la defensa de la República, y fue pasajero del `Stanbrook´ que en los últimos días de la superveniencia de la IIª República, 28.03.1939, zarpó del puerto de Alicante con cerca de tres mil refugiados republicanos para desembarcar en Orán (Argelia) Acabó pidiendo asilo político en Gran Bretaña donde se exilió y se casó con una ciudadana inglesa, Ivy.  La citada Inés, antes de que sucediera el inicio del alzamiento militar, contrajo matrimonio con Andrés Rondán Fernández, con el que tuvo dos hijos de nombres, Lola y Andrés Rondán Parra. Foto de su nieta: Inés Nogales Rondán.

FUENTE: https://ignaciotrillo.wordpress.com




La entrada al refugio antiaéreo de Santa Justa de Orihuela por los antiguos Juzgados se dejará abierta

 La entrada al refugio antiaéreo de Santa Justa de Orihuela por los antiguos Juzgados se dejará abierta


La entrada al refugio antiaéreo de la calle Triana desde el edificio de los antiguos juzgados fue localizada esta semana.

La entrada al refugio antiaéreo de la calle Triana desde el edificio de los antiguos juzgados localizada esta semana se dejará abierta una vez concluyan los trabajos de rehabilitación del inmueble.

Hoy han visitado el hallazgo de la nueva entrada al refugio el vicealcalde, José Aix; la técnica de Patrimonio Histórico, María del Carmen Sánchez y el arquitecto municipal Esteban Cacho, junto a los responsables de la dirección de obra de la empresa adjudicataria de las obras. De este modo, Aix ha señalado que “se podrá conectar para cualquier visitante pueda disfrutar del refugio y de este edificio” que contiene diversos elementos que “son una sorpresa”, como un paño de muralla que “posiblemente sea del siglo XIV”.

Por su parte, Esteban Cacho ha manifestado que, aprovechando la realización de los trabajos de rehabilitación, se cubrirá la entrada al refugio para poderla dejar abierta y conectada con el túnel subterráneo. De otro lado, la técnica de Patrimonio Histórico ha considerado que el hallazgo de la entrada “es muy importante” puesto que “completa la información que teníamos del refugio de Santa Justa”. Además, ha señalado que la localización de la entrada “significa mucho porque es una manera de recuperar patrimonio histórico y cultural” y “dará pie a conocer lo que llamamos la arqueología de la arquitectura de este entorno”, con el fin de “dinamizarlo y ponerlo en valor”.

La construcción del refugio antiaéreo fue acordada en la sesión del Consejo Municipal el 28 de abril de 1938, en plena Guerra Civil. El recorrido comenzaba en la calle Santa Justa, donde se ubicaba el antiguo retén de Policía Local y llegaba hasta la calle Triana. Tiene entre 2 y 2,5 metros de altura y una anchura de entre 1,5 y 3,6 metros.

Durante la Guerra Civil, se usó como almacén de abastos y, al finalizar esta, como almacén municipal hasta los años 90 del siglo pasado, fecha en que se clausuró para construir una pequeña hornacina con una virgen de azulejos en la única entrada conservada.

FUENTE: https://diariodealicante.net/entrada-refugio-orihuela/




jueves, 27 de abril de 2023

Localizan la entrada al refugio de la calle Santa Justa por el edificio de los antiguos Juzgados de Orihuela

 Localizan la entrada al refugio de la calle Santa Justa por el edificio de los antiguos Juzgados de Orihuela

Durante la contienda se usó como almacén de abastos y al finalizar esta, como almacén municipal hasta los años 90 del siglo pasado.
iglo p

Posiblemente es uno de los últimos en construirse en Orihuela, su obra fue acordada en Sesión del Consejo Municipal del 28 abril de 1938. Consiste en un túnel trazado sinuoso escavado en la roca. Tiene entre 2 y 2,5 metros de altura y una anchura entre 1,5 y 3,60 metros. Iniciaba su recorrido junto en la calle Santa Justa en el retén de la Policía Local para después de 800 m salir por la calle actual, calle de Triana.

Durante la contienda se usó como almacén de abastos y al finalizar esta, como almacén municipal hasta los años 90 del siglo pasado, fecha en que se clausuró para construir una pequeña hornacina con una virgen de azulejos en la única entrada conservada.

Hoy, 26 de abril de 2023, y con motivo de las obras de reforma de los antiguos juzgados, se ha realizado una cata y se ha localizado la entrada o salida al refugio desde este edificio, los antiguos juzgados de Orihuela, que en su día fueron reten de la Policía Local, usándose este refugio como calabozo.

FUENTE: https://diariodealicante.net/localizan-entrada-refugio-orihuela/